De los muchos sacerdotes aficionados al ajedrez, uno fue el primer campeón del mundo y otro sigue siendo un referente en el juego siglos después de su muerte.
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En
1561, el sacerdote Ruy López -el primer campeón del mundo- escribió
el Libro de la invención liberal y arte del
juego del ajedrez, donde daría nombre a la apertura de juego usada
desde el nivel más básico al más avanzado. En 1972, el padre William J.
Lombardy fue el único
apoyo técnico y moral que permitió al ajedrecista Bobby Fischer derrotar
al titán Boris Spassky en
el mundial de Reikiavick. Y fue otro sacerdote español de 1895, Fernando
Saavedra, el que entre ambos acontecimientos enmendó a Georges Emile Barbiere, por entonces considerado uno de los grandes referentes de
la época.
El final de ajedrez más conocido del
mundo
Aquel
año, Barbier publicó en su
columna de ajedrez del Glasgow Weekly Citizen una
jugada que, según el, solo tenía un resultado posible. “El rey negro
se encuentra en A1 y el blanco en B6. Sobre el tablero también hay un peón
blanco en C6 y una torre negra en D5. Mueven blancas y el único resultado posible es
tablas”.
Pocos se atrevían a
cuestionar a Barbier en
lo relativo al ajedrez. Sin embargo, un humilde capellán español de la cárcel
de Glasgow refutó la jugada de Barbier. Fernando Saavedra dio lugar a lo que
quizás sea “el final de ajedrez
más conocido del mundo”, la maniobra
Saavedra. Aquella jugada, explica Alfa y Omega,
mostró una sucesión de movimientos para que las piezas blancas terminaran
ganando la partida evitando el peligro de ahogado –incapaz de moverse– y los
jaques para conseguir imponerse.
Noble, pasionista y de fama mundial
Francisco Saavedra nació en 1847 en
Sevilla. A los 9 años, el joven perteneciente a la alta burguesía sevillana
quedó conmovido ante la predicación de unos misioneros pasionistas. Tanto que
diez años después, Saavedra ingresó en la Congregación de la Pasión con
19 años, en 1866. Seis años más tarde y con un traslado familiar a Dublín
entre medias, fue ordenado sacerdote el 20 de noviembre de
1871 en el seminario de San Patricio en Maynooth.
Aquel cambió de residencia fue el
motivo por el que, sin saberlo, el nombre de este sacerdote sería
conocido siglos después de su muerte no solo por su labor espiritual,
sino también entre todos los aficionados al ajedrez.
Un sacerdote amable y comprensivo
Su
primer contacto con el ajedrez fue en el Clontarf Chess Club. Allí conocería a
los jugadores más relevantes del momento, y asistía frecuentemente como
espectador a los torneos y a encuentros de debate y pensamiento en torno a
problemáticas propias del juego. Pronto destacó por sus habilidades y llegó a
quedar en tercera posición
en uno de los torneos, organizado por el Dublin Evening
Heral.
Entre
1892 y 1898, ejerció como capellán
en la prisión Barlinnie de Glasgow. El 6 de enero de 1900 llegó a Australia
con el P. Gregory Callaghan para trabajar en la provincia recién fundada. “Si
bien era conocido como un español ardiente”, afirman los archivos pasionistas,
“también se señaló que, a pesar de su apariencia y modales feroces, `era bastante amable y
comprensivo en el confesionario´”.
En
1911 una grave enfermedad le obligó a regresar a España de donde, pese a sus
esperanzas de recuperarse, nunca regresó. Murió en Dublín en 1922.
Fuente: ReL
