A Albert le hizo reflexionar la ingratitud de los hombres hacia Dios
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Albert se pasaba los domingos jugando al baloncesto, hasta que conoció a una joven que le hizo cambiar de planes. |
La
pasión de Albert fue siempre el baloncesto. Fue su deporte favorito mientras estaba en la
escuela. Cuando terminó la enseñanza secundaria y empezó a trabajar, fue
también en un colegio. Allí le formaron como entrenador. Se pasaba los sábados y los domingos enteros en la cancha, mañana y tarde.
Los domingos veía gente
que iba a rezar. "Algunos me preguntaban: y tú, ¿por qué no
rezas? Yo respondía: 'Ellos hacen una cosa, yo hago otra'. No me hacía
problema", explica a Découvrir Dieu.
Cherchez la femme...
Y así iba transcurriendo
su vida, hasta que un día Albert reflexionó sobre su futuro personal:
"Pensé que algún día tendría que casarme, y para eso tendría que buscar
una chica con quien casarme".
Conoció una chica que le
gustaba, pero había un problema: "Le pregunté qué podríamos hacer para
vernos regularmente. 'A mis padres no les gusta mucho que salga de casa', me
dijo, 'solo podremos vernos en misa'".
Albert tenía claras sus
prioridades, así que lo tuvo claro: "Dejé de hacer deporte los domingos
y empecé a ir a misa".
Homilías largas pero
fructíferas
"Me fastidiaban
bastante las homilías del sacerdote porque retrasaban el momento de
poder verla después de misa", confiesa: "Pero, al mismo tiempo, en
las homilías el sacerdote -recuerdo que era un sacerdote tradicionalista- decía
que Dios sufría mucho por la ingratitud de los hombres, a quienes amaba sin ser
correspondido en ese amor. Y empecé a compadecerme de ese Jesús".
Sorprendido por este
repentino interés por las cosas de Dios, pidió consejo a una de las personas
que había conocido en esta vida nueva suya de frecuentar la
iglesia: "Me dijo: Albert, un cristiano aislado está en
peligro de muerte. Busca un grupo de oración".
Le gustó que no le
animase un espíritu sectario y no intentase atraerle al suyo: "Pensé que
iba a decir 'Ven con nosotros, ven con nosotros...'. Pero, con toda sencillez,
me dijo: 'Hay al menos una decena de grupos de oración en esta ciudad'".
Albert buscó, eligió y
acudió a uno de ellos: "Cuando llego, veo que la gente reza cerrando los
ojos y que, cuando van a hacer la adoración, apoyan la frente en el
suelo. Pensé: ¡son como musulmanes! Pero al mismo tiempo, en su
mirada yo encontraba algo más profundo. Entonces les dije: ¿podéis
rezar por mí? Yo quería realmente ser como ellos. Veía que vivían cosas que
yo no había visto ahí fuera. Y me dijeron: sí, rezaremos por ti".
"Yo me puse de
rodillas", continúa, "y dije: Jesús, ellos están en tu corazón, yo
quisiera ir ahí. Y de golpe, ¡paf!, empecé a llorar. No sé por
qué me puse a llorar, pero creo que es lo que llaman efusión del
Espíritu Santo. Lloré, lloré y luego me avergoncé de haber llorado".
Un pasaje de Daniel,
norma de vida
Seguidamente, en el
grupo leyeron un pasaje de la Biblia, del libro de Daniel, que
Albert selecciona en su teléfono móvil para leerlo a cámara: "No temas.
Desde el primer día que te dedicaste a intentar comprender y a humillarte ante
tu Dios, tus palabras han sido escuchadas, y yo he venido a causa de
ellas" (Dan 10, 12).
"Yo me dije:
escucha, ¡están proclamando lo que yo estoy viviendo en mi corazón! Yo
temblaba, lloraba, sentía un gran deseo de Dios", concluye su narración de
aquel día: "Luego dijeron el Avemaría y al final la
responsable de grupo ensalzó aquellas palabras tan bellas".
Albert se hizo un propósito:
"Esas palabras tienen que ser la luz de mis pasos. Y la verdad es
que desde ese momento he seguido explorando Su corazón y verdaderamente he
sentido el amor de Jesús".
"Quisiera amar
mejor a Jesús", finaliza, y para hacerlo toma ejemplo de su pasión, el
deporte, aunque en este caso no del baloncesto, sino del fútbol: "En los
grupos de oración que desde entonces he frecuentado hay gente que se queja de
que le han hecho daño, de que no pueden continuar... Yo me fijo más bien en
cómo a los futbolistas les hacen daño, pero se levantan y continúan
hasta el final del partido. Pues bien, ¡eso es lo que yo estoy
viviendo... hasta que finalice mi partido!"
C.L.
Fuente: ReL