No sabemos sus nombres, pero sí actitudes y acciones que permitieron a Dios intervenir en la historia
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“Y
Dios creó al hombre a su imagen; lo creó a imagen de Dios, los creó varón y
mujer” Génesis 1:27
Dios creó a la
mujer a su imagen y Jesús actuó siempre teniéndolo en cuenta, tal y como se
puede ver en muchos pasajes del Nuevo Testamento.
Culturalmente, la
situación de la mujer en el Antiguo Testamento y en tiempos de Jesús era muy
difícil y diferente a la de hoy en día.
Pero, a
pesar de ese contexto cultural, hubo mujeres que llamaron la atención por la
tarea que llevaron a cabo y porque, a pesar de su condición desfavorable,
no siguieron el camino que la sociedad esperaba de ellas sino que supieron
recorrer el camino que Dios les había designado.
Las mujeres en
las Sagradas Escrituras
Existe una
valiosa sabiduría femenina entre las páginas de la Biblia.
En sus escritos
encontramos historias de muchas mujeres y, a través de ellas, podemos
reflexionar sobre la condición femenina.
Estas historias
nos demuestran que no hay un cometido específico para la mujer. Cada
una (viuda, casada, soltera), usando su libertad, siguió el camino que tenía
por delante, cumpliendo el plan de Dios.
En la Biblia,
la figura de la mujer demuestra fuerza, dinamismo y eficacia. Se
trata en su mayoría de mujeres con decisión y arrojo.
Mujeres
inteligentes, con agudeza e ingenio, que saben ejercitar su autoridad para bien
o para mal.
También
encontramos mujeres con una gran fe, mujeres pecadoras, mujeres temerosas,
marginadas y olvidadas. Pero, como la misma Biblia manifiesta:
“No hay judío
ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, sino que todos ustedes son
uno en Cristo Jesús». Gálatas 3,28
Anónimas
Conocemos el
nombre de muchas mujeres de la Biblia. Pero hay algunas que son anónimas y no
por ello son menos interesantes.
A continuación,
veremos cómo es de importante para Dios la obra femenina, meditando la vida de
algunas mujeres de la Biblia.
Ellas, como
tantas otras, a lo largo pasajes bíblicos, nos regalan la agudeza e intuición propia
de la feminidad y nos acercan a una generosidad incansable.
Estas mujeres
vivieron en una sociedad y época completamente diferentes a la nuestra. Sin
embargo, a pesar de su anonimato podemos aprender mucho de sus figuras.
La mujer sabia
de Abel Betmacá
“Entonces una
mujer sabia dio voces en la ciudad, diciendo: Oíd, oíd; os ruego que digáis a
Joab que venga acá, para que yo hablé con él” Samuel 20, 16-22
La mujer de
Abel Betmaca supo interceder con sabiduría e intuición a favor de su
pueblo y ganarse su respeto para así eludir un desastre mayor.
Se trata de una
mujer que nos enseña a vivir con decisión y entereza, una mujer que
colaboró en el plan de Dios con una rápida actuación cuando su pueblo
estaba en peligro, sin miedo a las posibles consecuencias sobre ella.
La mujer sabia
de Abel Betmaca nos enseña a dirigir nuestra sabiduría en beneficio de nuestro
prójimo, sin miedo, con valentía. ¡Cuántas veces nos paraliza el miedo a
ser juzgados!
La hija del
Faraón
“A la cual dijo
la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer
tomó al niño y lo crió” Éxodo 2, 9
Dios escoge “mediadores”
para el cumplimiento de sus planes divinos. Muestra de ello es la hija del
Faraón. Ella arriesga su vida por un bebé hebreo al que el Faraón, su
padre, querría matar.
La Biblia nos
cuenta en el Éxodo cómo Dios se sirvió de la hija del Faraón para cumplir con
sus propósitos eternos.
La hija del
Faraón tuvo a Moisés como hijo adoptivo y le procuró una educación
que le sería muy útil para la misión que Dios le encomendó.
Ella decidió
salvar la vida del niño poniendo en relieve la grandeza de la vida humana
y la importancia de la maternidad sea biológica, adoptiva o espiritual.
La mujer
Cananea
“Entonces
respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como
quieres. Y fue sana su hija desde aquella hora” Mateo 15, 28
La mujer
Cananea nos hace ver la importancia de la fe y la determinación en
circunstancias adversas.
Se trata de una
madre anónima que desea con todas sus fuerzas como cualquier madre lo mejor
para su hija, en este caso su sanación espiritual. Sigue a Jesús en su
recorrido, rogándole de manera insistente.
La mujer
Cananea nos enseña la importancia de la perseverancia en la oración. La fe
en Dios de esta mujer era enorme y su “coraje maternal” la lleva a permanecer
firme e insistente en Dios.
La Hemorroisa
«Hija, tu fe te
ha curado; vete en paz y sigue sana de tu dolencia». Marcos 5, 34
La fe curó
a la hemorroisa de la enfermedad y de sus temores. Esta mujer confiaba en que
sólo con tocar la orla de su manto iba a quedar sana. Su fe une timidez y
audacia. No se atrevía a pedir el milagro a Jesús, pero al mismo tiempo creía
que con sólo tocar su manto sanaría.
En muchos
momentos de nuestra vida necesitaríamos “tocar” al Señor con la fe de aquella
mujer.
Miriam
Esteban Benito
Fuente: Aleteia
