«La
pandemia nos puede llevar a una parálisis celebrativa»,
asegura Jesús Rosillo, consultor de la Comisión Episcopal de Liturgia de la
CEE, que este miércoles ha organizado su encuentro anual sobre Liturgia y pandemia
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| Foto: Efe/EPA/Filippo Venezia |
Sin embargo, «la caridad
pastoral de la Iglesia sigue buscando cauces apropiados para derramar la gracia
sobre cada uno»
¿Ha
habido durante estos meses un trabajo coordinado entre las distintas diócesis
sobre cómo celebrar la liturgia en nuestros templos?
Durante este encuentro de delegados diocesanos de liturgia, en el
que nos hemos dedicado en parte a compartir la vivencia litúrgica en nuestras
diócesis en esta pandemia, percibimos que está siendo un tiempo en el que
experimentamos preciosos signos de comunión eclesial. En el ámbito litúrgico se
han dado gran cantidad de realidades y signos de comunión en las
distintas iglesias particulares. Un ejemplo de ello ha sido un
material que la misma Conferencia Episcopal puso en manos de todas las familias
en versión digital para poder vivir la Semana Santa en casa.
Hay
muchos fieles que no pueden acudir a Misa por tener patologías previas de
riesgo. ¿Cómo se acerca la Iglesia a ellos?
En primer lugar, es imprescindible reconocer al mismo
Jesús acercándose a cada uno de los que sufren. Él es el que nos primerea haciéndose cercano a cada corazón que
tiene sed de su amor. Pero también la caridad pastoral de la Iglesia le hace
buscar cauces apropiados para derramar la gracia sobre cada persona. Alienta a
ello descubrir que sus comunidades no han dejado, ni dejan de celebrar la
Eucaristía por cada uno ellos.
Podemos constatar que la mayoría de los sacerdotes han seguido fielmente,
incluso en el confinamiento domiciliario, ofreciendo la misa por sus
comunidades. También serían reseñable los esfuerzos que se han realizado por
llegar a las casas por el cauce de los medios digitales.
¿Cómo
mantener la fe sin los sacramentos?
Durante nuestra jornada de encuentro se ha descrito
cómo en este tiempo la Palabra de Dios ha alcanzado centralidad en la familia,
verdadera Iglesia doméstica. También ha sido un momento propicio para que
muchos cristianos conocieran o retomaran el rezo de la liturgia de las horas. Y
cómo no, la gran importancia de descubrir la presencia de Dios en el deseo de
recibirlo. Allí ya se da un verdadero encuentro con el Resucitado.
También
hay otros muchos que han dejado de ir al templo por miedo al contagio. ¿Cómo
recuperarles?
Hay que reconocer que los templos se encuentran entre
los lugares más seguros ante los contagios de esta pandemia. Aún así se puede
entender perfectamente que haya muchos cristianos que teman. Creo que en primer
lugar es bueno, desde la sencillez, reconocer la cercanía de Cristo que siempre
está a nuestro lado. Su amor y misericordia son capaces de hacernos llegar su
gracia en las situaciones más complicadas.
Es amplio el testimonio de los responsables de la pastoral de la salud de
nuestras parroquias y comunidades que les han sabido expresar continuamente la
cercanía de su comunidad con gestos diversos llenos de ternura. También para
ellos la cercanía de las celebraciones retransmitidas por los medios
audiovisuales son un gran regalo por el que no pierden la cercanía con sus
comunidades.
La
liturgia se ha empobrecido mucho en estos meses: misas sin cantos, ausencia del
gesto de la paz, muchos ven la misa por la televisión o por internet… ¿Cree que
esta situación va a pasar factura a la tensión espiritual de los
fieles españoles?
Como sucede en otros ámbitos, lógicamente, la pandemia
nos puede llevar a la parálisis celebrativa.
Por ello es necesario no escatimar esfuerzos por parte de los que colaboran en
los equipos de liturgia para afianzarse desde lo esencial. Fue entusiasmante
comprobar, cuando terminó el confinamiento domiciliario, cómo nuestras
feligresías manifestaban su necesidad de recibir a Cristo en el pan eucarístico
después de tanto tiempo de ayuno. Los sacerdotes podíamos ver la emoción de los
fieles cuando recibían a Cristo en la Sagrada Comunión después de tanto tiempo.
Sobre
el sacramento de la Confesión, que exige mayor cercanía física, ¿qué respuestas
se están dando para que no se abandone?
En primer lugar, conviene indicar que se pueden cuidar perfectamente las
medidas para poder acceder al sacramento de la confesión con toda la seguridad
necesaria. En muchos templos se habilitado un lugar espacioso adaptado para las
medidas anti-covid. También en los momentos más difíciles del confinamiento domiciliario,
ante la imposibilidad de confesarse el Papa Francisco invitaba a un
arrepentimiento sincero con el propósito de acudir al sacramento del perdón en
el momento que fuera posible.
Durante
el confinamiento y en los meses siguientes se animó desde la Iglesia a la
«creatividad de la caridad». ¿Se está llevando esta creatividad también a la
liturgia? ¿Qué iniciativas interesantes hay en este ámbito?
La liturgia siempre es creativa porque hace actual la
presencia del misterio pascual de Cristo en cada lugar, en cada circunstancia,
en cada momento. Durante este tiempo hemos podido sentir muy de cerca la
vivencia celebrativa sobre todo con el Papa Francisco y nuestros obispos.
También muchas comunidades han podido sentir cercana a su comunidad parroquial gracias
a los medios modernos que hacen acortar distancias.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Fuente: Alfa y Omega