Todas las noches, antes de ir a
dormir, bajo a cerrar la puerta que da a la huerta. Ayer, cuando empecé a bajar
la escalera, comencé a oír la voz de un hombre hablando, acompañado de una
música de fondo. Bajé dos escalones más y vi que la sala por la que tenía que
pasar tenía la luz dada.
No soy muy miedosa, pero me
empecé a cuestionar qué estaba pasando, ¿habría alguien? “Seguro que no”, me
decía para seguir caminando, pero... sí que pudo más el miedo, y llamé a Lety.
Le pedí que esperase arriba por
si acaso, ¡solo saber que estaba me daba seguridad Ella oía las voces también;
bajé, abrí la puerta de la sala y... ¡no había nadie! Solo que por la tarde,
después de estar trabajando, fuimos a dar un paseo y volvimos por otro camino;
no nos acordamos de que nos habíamos dejado una charla de un sacerdote puesta a
todo volumen y la luz se quedó encendida.
Es Cristo el que sale a tu
encuentro ante tus miedos. Es Él el que transforma la incertidumbre en Paz,
pues está a tu lado, ahí, en la escalera, contigo, y te tiende la mano para que
puedas seguir caminando, para que puedas afrontar lo que te paraliza y
descubras que solo es una luz olvidada o una charla encendida.
Ante tus miedos tienes dos
caminos: dialogar con ellos y dejar que te paralicen o dialogar con Cristo,
saberte acompañado por Él y, juntos, ir bajando “peldaños”.
Hoy el reto del amor es que dejes
que Cristo entre en tus miedos. Deja que se ponga a tu lado en la escalera,
descansa sabiendo que está contigo y da el siguiente paso con Él ante esa
situación que te paraliza.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
