Llevamos días con temperaturas
bajo cero y la sala de trabajo del Noviciado hay que mantenerla caliente aunque
no vayamos todos los días; de lo contrario, costaría mucho templarla.
Para ello, tenemos troncos fuera
del Noviciado desde el año pasado, pero, como el deshielo los había mojado,
pensé que sería más eficaz “quitar” alguno de los que tienen preparados para
encender en otra gloria, pues están más resguardados.
Son grandes, muy bien cortados,
aparentemente buenos pero... ¡no hay manera de que se mantengan encendidos! Hay
días que tenemos que volver hasta tres veces a prender, y algunos ni con eso
tenemos éxito. ¿Pero qué pasa?
Investigando, descubrí que es
peor la humedad que la lluvia; que un tronco mojado, si por dentro está seco,
prenderá mucho mejor que uno húmedo o verde, aunque la apariencia nos diga lo
contrario.
Cuando sientas perder la paz,
cuando sientas estar mojado por algún temporal, para y entrégaselo a Cristo. No
dejes que quede dentro de ti y se convierta en humedad.
Hoy el reto del amor es que,
aunque te “mojes”, no dejes que el día te “humedezca”. Pon una cruz en tu
bolsillo y, cuando sientas mojarte, agárrala, mírale a Él y entrégale esa
lluvia; deja que muera y resucite por ello y así puedas seguir ardiendo,
apostando por el Amor con los que hoy estén en tu camino.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
