Nada hay imposible
Uno de estos días, estaba
trasladando unas cajas muy pesadas. Trataba de sacarlas de la sala para
cargarlas en la carretilla, cuando pasó a mi lado una de las hermanas más
mayores, que inmediatamente me dijo:
-¿Te ayudo?
Me despertó un cariño
enorme, alucinada por su impulso de ayudar, pero yo la miraba de arriba a
abajo, y me daba la impresión de que se iba a romper... Así que le dije:
-Bueno, sí... ¿Me sujetas
la puerta?
Ella, que parecía “no ver”
los pesos, sujetaba la puerta mientras con una pierna me acercaba una de las
cajas hasta la carretilla.
Aquello me hizo gracia, y
me trajo al corazón una frase que se me hizo muy real con aquella
circunstancia: el Amor hace posible lo imposible.
Me lo había dejado claro, no sé de dónde había sacado fuerzas, pero, cuando lo que mueve es el Amor, no se ven imposibles.
El Señor renueva cada
mañana su Amor, para que sea el chorro de propulsión para todo nuestro día. Con
Él todo es posible, porque Cristo, muriendo y resucitando por nosotros, hizo
posible lo imposible. Él es la fuente que siempre mana para ti, que nunca se
seca, y siempre está disponible.
Era necesario que viniera
en la carne para salvarnos de nuestra incapacidad de salir de nosotros mismos y
de amar. El Amor es un regalo que Él ya nos ha hecho, tan solo tenemos que
acogerlo de nuevo cada mañana y vivir de Él.
Hoy el reto del amor es no
rendirte. Hoy mira eso que te parece imposible y entrégaselo a Cristo; deja que
Él lo redima y te muestre el camino del Amor: con Él todo es posible.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
