Las logias dan la voz de alarma ante «el auténtico entusiasmo popular» y las «imágenes impactantes» del viaje apostólico de León XIV a su país
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| León XIV bendice a la multitud que le esperaba en el santuario de Lourdes |
¿Qué lugar debe otorgar la
República a la religión sin desdibujar la línea, pacientemente construida
durante más de un siglo, entre la libertad de creencias y la independencia
del poder público?». La francmasonería ha recibido como un cubo de agua
helada el fervor de los cientos de miles de personas que se han movilizado
durante la visita de León XIV a Francia. Su concienzuda labor
«pacientemente construida durante más de un siglo» de laicismo beligerante,
exclusión de Dios de todo espacio público, arrinconamiento de la Iglesia,
confiscación de sus templos e incluso persecución sangrienta de los
creyentes parece haberse disuelto como un azucarillo en apenas unos días.
Así lo han reconocido en varias
de sus publicaciones, que no tienen más remedio que dar fe de «las imágenes de
fervor popular, las ceremonias, las reuniones institucionales y los discursos
sobre el 'laicismo justo'». Es el caso de la emisora de radio 450.fm,
perteneciente a las logias. En un artículo publicado esta semana, el masón Alexander
Jones evoca «la Ley de Separación de la Iglesia y el Estado de 1905» que, a
su juicio, «ha sido testigo de generaciones de republicanos y masones que
lucharon para que la conciencia humana pudiera finalmente definirse a sí
misma sin recibir de la Iglesia la definición de verdad, justicia o
legitimidad». «Sin embargo, más de 120 años después de esta ley fundamental, la
llegada de un Papa sigue reavivando estas viejas cuestiones con sorprendente
vigor», reconoce el autor.
«Francia no comenzó en 1905»,
rebatía en otro artículo Napo De Kergorre, el fundador del periódico Le
Catho. A su juicio, el sempiterno debate sobre el laicismo en Francia
«revela principalmente dos visiones»: «Una busca garantizar la libertad
de conciencia y la legítima independencia de la autoridad civil. La otra
corre el riesgo de convertirse en una filosofía sustituta, suspicaz cada
vez que el catolicismo se expresa con seguridad en el ámbito público», objeta.
«Es a esta segunda tentación a la que debemos resistirnos», subraya.
«Tergiversar la verdad
histórica»
«No se puede entender Francia
como si su historia hubiera comenzado con la ley de 1905», insiste De Kegorre.
«Antes de la República moderna, existió el bautismo de Clodoveo, los
siglos Capetos, catedrales, monasterios, universidades, obras de
caridad, misiones y esa larga, a veces difícil pero fructífera, alianza entre
la historia francesa y la fe católica», agrega. «Reconocer esto no obliga a
nadie a creerlo; negarlo sería simplemente tergiversar la verdad histórica»,
subraya.
«De igual modo, recordar que
Jesucristo es 'el camino, la verdad y la vida' no es imponer la fe
mediante la autoridad pública, sino profesar la fe católica», puntualiza
el fundador del periódico Le Catho. «Además, en el vuelo de regreso
de Metz a Roma, León XIV respondió directamente a una pregunta sobre la
separación entre religión y política: sostuvo que no había cruzado esa
línea en Francia y explicó que cuando la Iglesia defiende la vida o expone su
doctrina social, aplica el Evangelio a la vida humana, en lugar de
transformarse en un partido político», prosigue.
Pero estos argumentos no
convencen en el seno de la masonería, donde no ha sentado nada bien que el
presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, asistiera a la
misa celebrada por León XIV en la catedral de Saint-Étienne de Metz,
algo que «no figuraba inicialmente en su agenda». «La cuestión no radica tanto
en la legalidad —el laicismo obviamente no prohíbe que un Presidente de la
República entre en una iglesia— sino más bien en la importancia que se le
otorga a su cargo cuando lo hace en el contexto de un evento de esta
trascendencia», señala el articulista.
«Una visita papal de esta
envergadura, ampliamente difundida y alimentada por un auténtico entusiasmo
popular, ofrece, naturalmente, imágenes impactantes. Sin embargo,
todos saben, tanto en política como en simbolismo, que una imagen nunca es del
todo neutral. El masón, quizás más que nadie, sabe que un lugar, una
presencia, un gesto o una postura a veces tienen más peso que un largo
discurso», arguye. «Cabría preguntarse qué uso político se le podría
dar a un evento de esta magnitud», lamenta.
«Un café laico»
La masonería francesa,
ciertamente, no se va a quedar con los brazos cruzados tras comprobar el
respaldo popular que, muy a su pesar, ha obtenido la visita del Santo Padre
a su país. Según recoge L'Écho Chrétien, la influyente asociación Egale,
en colaboración con el Patronato Laico Jules-Vallès, va a organizar en
París un «Café laico», destinado a estudiar «cuál es el lugar de lo
religioso en la República, tras la visita de León XIV a Francia». Basta con
mirar a la historia para descubrir cuál es ese lugar: el último, bajo una
apariencia de neutralidad del Estado francés ante todas las religiones.
«Los francmasones se preocupan
por el retorno del catolicismo en Francia, pero las élites musulmanas
no; ellas están plenamente serenas, es realmente increíble», señalaba en
la red X Yassine Jabri, coordinador europeo de la asociación musulmana
francesa Miséricorde pour l’Humanité (Misericordia para la Humanidad),
que busca «transmitir el mensaje del islam y promover el diálogo con otras
comunidades religiosas en Francia». Según este analista e 'influencer', a «las
élites musulmanas» de su país no les preocupa «el resurgir de la religión
católica», a diferencia de lo que ocurre con masonería.
«El tema va mucho más allá de la
personalidad del nuevo pontífice», retoma el artículo de Jones. «Lo que está en
juego es nuestra relación colectiva con la religión, pero también esta
concepción francesa de la República, que no exige a los ciudadanos que dejen
sus convicciones a un lado antes de entrar en la Ciudad, sino que simplemente
reconoce que ninguno de ellos puede pretender tener las llaves de ella», advierte.
«Probablemente, eso debería atraer la atención de los masones»,
concluye. De nuevo, bastaría con mirar a la historia para saber qué ocurre
cuando algo «llama la atención de los masones».
Álex Navajas
Fuente: El Debate
