![]() |
Opus Dei | Flickr |
Durante sus primeros años de vida, Montse sufrió de bronquitis y otros problemas respiratorios. Requería cuidados constantes, ya que los remedios de su época eran inefectivos.
Pareció mejorar por
sí sola y, con tres años, su condición había mejorado enormemente. En octubre
de 1946 ya pudo comenzar la escuela.
Montse hizo muchos
amigos y le encantaban los deportes, el baile, la música y el teatro. Era el
tipo de jovencita que despertaba una sonrisa en todos los que la conocían.
Con 13 años, empezó
a asistir a reuniones y actividades que fomentaban la formación cristiana. Su
madre y padre eran miembros activos del Opus Dei desde 1952.
Animaron a su hija
a unirse explicándole que le ayudaría a madurar espiritualmente y humanamente.
Sin embargo, Montse no tenía claro si estaba preparada para comprometerse con
el Opus Dei.
La joven Montse
empezó el instituto en un centro de monjas en 1951. Luego continuó sus estudios
en la Escuela Profesional para la Mujer.
En
su tiempo libre, hacía con sus amigos frecuentes visitas a las zonas pobres de
Barcelona para enseñar catequesis a niños, a quienes llevaban también dulces y
otros regalos.
Montse continuó de
forma aplicada sus estudios y manteniéndose físicamente activa. Jugaba al
ping-pong, al tenis y al baloncesto. Llegó incluso a escalar montañas y recibió
un premio por ganar una carrera en bicicleta.
En 1956, asistió a un retiro del Opus Dei.
Tenía ya 15 años y sentía deseos de discernir si unirse o no al Opus
Dei. Al final
del retiro seguía sin estar segura y se embarcó en un periodo de oración y
sacrificio para ayudarla a tomar la decisión.
Montse continuó
rezando y buscando consejo a su alrededor. Entonces, el 24 de diciembre de
1957, finalmente escuchó la vocación de Dios para que se uniera al Opus Dei,
así que buscó unirse a esta familia espiritual.
Desde
aquel día en adelante realizó esfuerzos deliberados cada día para aspirar más
alto en su vida espiritual y para avanzar en su búsqueda de alcanzar la
santidad.
Montse meditaba
sobre la vida de Cristo y asistía a la adoración eucarística tanto como podía.
También desarrolló una devoción profunda a la Virgen María.
Montse intentaba realizar sus
rutinas diarias centrándose en hacerlas por amor en vez de por necesidad.
No tenía ni idea de que su santidad estaba transmitiendo una
sensación de paz en su entorno, incluyendo a familiares y amigos. Pero eso es lo que pasa cuando alguien vive
cerca de Dios.
En 1958, Montse fue
con unos amigos a una estación de esquí de La Molina. Esquiando colina abajo,
se cayó y lastimó una pierna. El
dolor era tremendo y persistente, pero ella lo soportó con valentía y lo
ofreció en sacrificio por las almas en el purgatorio.
El dolor empeoró y,
después de varios meses, la llevaron a una clínica de la Cruz Roja para
evaluarla. En junio de 1958, los médicos le diagnosticaron sarcoma de
Ewing. Después de que le informaran de su enfermedad, escucharon a Montse
cantar en su dormitorio:
María Montserrat
Grases García murió el 26 de marzo de 1959. Era Jueves Santo y sólo tenía 17
años. Cuentan los testigos que intentó levantarse para mirar mejor una imagen
de Nuestra Señora. Sus últimas palabras fueron: “¡Cuánto Te quiero! ¿Cuándo
vienes a por mí?”.
Venerable Montse Grases García, por favor, reza por
nosotros.
Larry Peterson
Fuente: Aleteia
