¿POR QUÉ LAS DIÓCESIS CATÓLICAS CAMBIAN DE OBISPO?

Como cualquier sacerdote, el obispo está sujeto al traslado según convenga a la Diócesis en la que se le pida servir, pero, ¿de qué depende su cambio?

Crédito: Guillaume POLI / CIRIC

Cualquier cambio en la vida nos provoca inquietud porque nos sentimos cómodos con la estabilidad que se desprende de lo cotidiano. Por eso, el cambio de un obispo también genera sorpresa, sobre todo si no había motivo para su traslado. Entonces, ¿por qué cambiar al obispo de una Diócesis si todo iba bien?

Sucesores de los Apóstoles

La palabra obispo proviene del griego epískopos, el término significa literalmente inspector, vigilante.

Hay que recordar brevemente que los obispos son sucesores de los Doce Apóstoles que acompañaron a Jesús. Leemos en los hechos de los Apóstoles que, incluso, sustituyeron a Judas Iscariote para que Matías ocupara su puesto (Hch 1, 15-26).

Ellos tenían la potestad de dejar otros presbíteros y epíscopos en donde hiciera falta guiar a los nuevos cristianos y de confirmarlos para que recibieran el Espíritu Santo, como leemos en Hechos 4 del 14 al 18.

Esto lo confirma el Código de Derecho Canónico:

"Los Obispos, que por institución divina son los sucesores de los Apóstoles, en virtud del Espíritu Santo que se les ha dado, son constituidos como Pastores en la Iglesia para que también ellos sean maestros de la doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros para el gobierno" (CIC 375 § 1.

¿Por qué se cambia a un obispo de diócesis?

La respuesta tiene tres posibilidades. La primera, porque el obispo ha cumplido con la edad canónica de setenta y cinco años y debe presentar su renuncia al Sumo Pontífice, como lo marca el canon 401 § 1. 

Segunda posibilidad, se pide su renuncia de oficio "si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo" (401 § 2.).

Y la tercera, podemos decir que depende de los dos anteriores, porque si un obispo renuncia, hay que proveer a la diócesis acéfala de un nuevo pastor.

Ahí interviene, entonces, el Dicasterio de los Obispos. Leemos en en la Constitución Apostólica sobre la Curia Romana y su servicio a la Iglesia en el Mundo Praedicate Evangelium que:

"El dicasterio dispone todo lo relativo al nombramiento de los obispos diocesanos y titulares, a los administradores apostólicos y, en general, a la provisión de las Iglesias particulares. Lo hace tomando en consideración las propuestas de las Iglesias particulares, de las conferencias episcopales y de las Representaciones Pontificias, y previa consulta a los miembros de la presidencia de la respectiva conferencia episcopal y del metropolitano. En este proceso se involucra de manera adecuada también a miembros del Pueblo de Dios de las diócesis interesadas". ( Art. 105 § 1).

La acción del Espíritu Santo

Entonces, el traslado de un obispo es propiciado por la necesidad de que una diócesis permanezca el menor tiempo posible sin Pastor diocesano. Y para ello, se debe elegir cuidadosamente porque deben tomarse en consideración muchos factores como la experiencia del obispo, el tamaño del territorio diocesano, la cultura de la gente, la antigüedad de la Diócesis, y más.

Pero, sobre todo, hay que recordar que al final será el Espíritu Santo quien designe al sucesor, por eso, los fieles deben permanecer en oración constante para que Dios les envíe pronto al obispo que el Señor les tenga preparado para peregrinar juntos en esta vida.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia