En la fiesta litúrgica de la Madre de Dios, el Santo Padre recordó que, hoy se celebra una de las maravillas de la historia de la salvación: la Inmaculada Concepción de la Virgen María
“Este,
para nosotros, es el camino para volver a ser santos e inmaculados. La belleza
incontaminada de nuestra Madre es inimitable, pero al mismo tiempo nos atrae.
Encomendémonos a ella, y digamos de una vez para siempre no al pecado y sí a la
Gracia”, lo dijo el Papa Francisco en su alocución antes de rezar la oración
mariana del Ángelus, de este martes 8 de diciembre, Solemnidad de la Inmaculada
Concepción de la Santísima Virgen María.
María libre de cualquier mancha de pecado
En
la fiesta litúrgica de la Madre de Dios, el Santo Padre recordó que, hoy se
celebra una de las maravillas de la historia de la salvación: la Inmaculada
Concepción de la Virgen María. “También ella fue salvada por Cristo – afirmó el
Pontífice – pero de una forma absolutamente extraordinaria, porque Dios quiso
que desde el instante de la concepción la madre de su Hijo no fuera tocada por
la miseria del pecado”. Y por tanto María, precisó el Papa, durante toda su
vida terrena, estuvo libre de cualquier mancha de pecado, «llena de gracia» y
disfrutó de una singular acción del Espíritu Santo, para poder mantenerse
siempre en su relación perfecta con el hijo Jesús, es más, era la discípula de
Jesús: la Madre y discípula. Pero el pecado no estaba en ella.
Creados por Dios para
la plenitud de santidad
El
Obispo de Roma citando el magnífico himno que abre la Carta a los Efesios,
señaló que San Pablo nos hace comprender que cada ser humano es creado por Dios
para esa plenitud de santidad, para esa belleza de la que la Virgen fue
revestida desde el principio. “La meta a la cual estamos llamados es también
para nosotros don de Dios, el cual – dice el apóstol – nos ha «elegido en él antes
de la fundación del mundo, para ser santos e inmaculados»; eligiéndonos de
antemano, en Cristo, a estar un día totalmente libres del pecado. Y esto es la
gracia, es gratuito, es un don de Dios”.
La
«puerta estrecha» nos conduce a la vida
En
este sentido, el Papa Francisco recuerda que, lo que para María fue al inicio,
para nosotros será al final, después de haber atravesado el “baño” purificador
de la gracia de Cristo. Ya que, todos los santos y las santas han recorrido
este camino. También los más inocentes estaban marcados por el pecado original
y lucharon con todas las fuerzas contra sus consecuencias. Han pasado a través
de la «puerta estrecha» que conduce a la vida. ¿Y saben quién es el primero de
quien tenemos la certeza de que ha entrado en el paraíso?, se pregunta el Papa,
un “bandido”: uno de los dos que fueron crucificados con Jesús. Se dirigió a Él
diciendo: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Y Él respondió:
«hoy estarás conmigo en el Paraíso».
“La gracia de Dios es
ofrecida a todos; y muchos que sobre esta tierra son últimos, en el cielo serán
los primeros”
Acoger
el hoy para decir “no” al mal y “sí” a Dios
Finalmente,
el Santo Padre advierte que, no vale hacerse los astutos: posponer
continuamente un serio examen la propia vida, aprovechando la paciencia del
Señor. “Quizá podemos engañar a los hombres, pero a Dios no, Él conoce nuestro
corazón mejor que nosotros mismos”. ¡Aprovechemos el momento presente! Este sí
es el sentido cristiano del “carpe diem”. No disfrutar la vida en el momento
fugaz, no, éste es el sentido mundano. Sino acoger el hoy para decir “no” al
mal y “sí” a Dios; abrirse a su Gracia, dejar finalmente de plegarse sobre uno
mismo arrastrándose en la hipocresía. Mirar a la cara la propia realidad,
reconocer que no hemos amado a Dios y al prójimo como deberíamos. Y confesarlo,
empezar un camino de conversión pidiendo en primer lugar perdón a Dios en el
Sacramento de la Reconciliación, y después reparar el mal hecho a los otros.
Renato Martínez – Ciudad del Vaticano
Vatican News
