![]() |
| Monseñor Jesús Sanz Montes, Arzobispo de Oviedo |
“Son cuatro las pandemias que
porfían por doquier. Cuatro por lo menos. Pero el cómputo no es
fácil de hacer con precisión, de tantas otras que surgen concatenadas como
consecuencia de una u otra de entre las primeras señaladas. No será fácil ir
adquiriendo las cuatro vacunas correspondientes para estas cuatro pandemias”,
comienza su escrito Sanz Montes.
Citando
estas cuatro pandemias, el arzobispo comienza por la “pandemia sanitaria”, que “se ha expandido por todo el
mundo sin respetar fronteras ni controles de aduanas, sin reparo de lenguas ni
culturas, pero incidiendo
como siempre en los más pobres sin que nadie esté seguro ante su
despiadado mordiente que contagia y que mata a mansalva”.
Una
segunda pandemia es la “política”. Sanz Montes se muestra muy duro en este
punto y habla de “mandatarios que tienen en un puño a su país, con algunas
medidas dudosas e intermitentes, que no responden tantas veces a su eficacia
sanitaria sino al cálculo
oportunista de los controles demagógicos que se aliñan con mentiras repetidas,
con tramposos paternalismos que cercenan la libertad, censuran la protesta
legítima impidiéndola, mientras se ensaya un confinamiento de diseño para ir
introduciendo leyes liberticidas que manipulan ideológicamente la educación, e
imponen cauces matachines para una eutanasia sin debate y sin escucha de la
sociedad civil a la que se niega la palabra”.
La
tercera es la “pandemia
laboral” ante el crecimiento del desempleo. “Esto origina no sólo la
vulnerabilidad social de un pueblo confinado ideológicamente, sino la tristeza desesperada de tantas familias que
ven caer lo que con tanto esfuerzo y generosidad habían ido construyendo a
través del tiempo. Una
sociedad empobrecida y sin trabajo es una sociedad manipulable desde un
subsidio que la hace dependiente”, agrega.
Otra
pandemia es la “personal”, que
con todas las demás en curso “suscita
miedo, tristeza y desesperanza en tanta gente. He visto ese rictus en
rostros cercanos, en personas inocentes que sufren en su propia piel lo que no
pueden ocultar en la mirada de sus ojos cuando se asoman a este horizonte
devastador”.
Y
en medio de estas pandemias se
ha colado de manera exprés la ley de eutanasia. El arzobispo de Oviedo
recalca que es una ley “sin demanda social real, que evita tener que afrontar
el compromiso por lo que realmente pide la gente: ser sostenida en su debilidad
terminal con los cuidados paliativos que no le imponga la muerte”.
“Los médicos y enfermeras así lo están diciendo en su inmensa mayoría, así lo reclaman las familias y hasta los mismos ancianos o enfermos graves. No que se obligue a “ofertar” la muerte eutanásica como suicidio asistido y subvencionado en todos los centros de salud; no que se puentee al médico o enfermera que por motivos de conciencia no acepte ser cómplice de lo que más contradice su profesión, mandando en ese caso, desde un macabro banquillo, a un matarife suplente.
Es jugar a ser dios, controlando
la vida antes de nacer, al término de su periplo, y cuando, vulnerada,
sobrevive entre acosos y derribos. Es poner a disposición del egoísmo la
voracidad ante una herencia que se anticipa impunemente”, concluye.
