Ya estamos de lleno con los
calendarios, preparándolo todo para que salgan los pedidos.
El otro día, en la sala de
trabajo, me quedé mirando la cadena que había montada: una hermana ponía en el
sobre la cantidad de calendarios, otra los metía, otra metía las pizarras, otra
introducía el paquete en el sobre de correos express, otra metía el ticket y
otra ponía la dirección.
Todo marcha perfecto... hasta que
a una de la cadena la llamaban. Por ejemplo, si sonaba el torno del monasterio,
la hermana encargada se levantaba e iba; total, que la cadena ya se cortaba y
había que reajustar: su trabajo tenía que hacerlo la de delante o detrás.
Otras veces llagaban nuevas
hermanas a incorporarse y ahora el reajuste era para ir más ligeras. De todos
modos, continuamente había que reajustar, y esto llevaba a las que son más
“prisillas” a tener paciencia, y a las más tranquilas a acelerar. Pero lo que sí
teníamos claro es que nos necesitábamos unas a otras y que, ante la dificultad,
de dos en dos se solucionaba.
Es verdad que a veces las
pobrezas y debilidades del otro te exasperan, te irritan, te quitan la paz...
pero esto es normal; somos humanos y débiles todos, y, porque todos somos
iguales, Cristo nos ha amado y salvado gratuitamente a todos; sin mirar
distinción ha dado su vida por todos.
Por ello solo el amor es el que
hace que podamos saltar por encima de las pobrezas y debilidades del otro y
verle a él. No quedarnos en la debilidad, sino en lo bueno que tiene y caminar.
Porque el amor es el que hace posible lo imposible. El amor es el que reajusta
la vida.
Hoy el reto del amor es reajustar
desde el amor una situación que tengas pendiente. Puede ser con una llamada, un
mensaje... Que la debilidad no paralice tu cadena, ¡reajusta desde el amor!
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
