Desde la ventana de mi celda se
ve casi toda la huerta y, desde hace unos meses, cada vez que subo o bajo el
estor veo las obras de “la casa de enfrente”. La verdad es que queda en una
punta de nuestra tapia, y solo la veo a lo lejos, pero es que han empezado por
el tejado (que es lo único que se ve) y por eso me llamaba tanto la atención
verles por ahí arriba, caminando, trabajando...
Joane siempre me dice en plan de
bromas que, si estuviera fuera, cuando fuese mayor sería de esos abuelillos que
se sientan en un banco a ver cómo trabajan los obreros. ¡Nos echamos unas
risas...! Pero es que es verdad, porque siempre ando indagando la razón de las
cosas, o cómo se hace para encontrar la lógica, aunque sea en una obra.
Y de esto precisamente lo que me
ha llamado la atención es que comenzaran por el tejado. Es una casa muy vieja,
y han debido de dejar solo la estructura, pero todo lo demás lo han tirado.
Primero comenzaron retirando lo antiguo y poniendo vigas; luego, tablones; más
tarde poniendo una capa de aislante, y ya al fin han llegado a las tejas...
Nosotros somos cada día como esta
casa en obras. Sí, en obras, porque lo que hacemos cada día construye un poco
más nuestro interior, nos hace crecer, y así, poco a poco, Él nos va regalando
un corazón lleno de Vida con mayúsculas, que sepa amar y acoger a todos.
Y en “nuestra construcción” lo
primero siempre es el tejado, es nuestra relación con Cristo. Aún recuerdo que,
a los pocos meses de entrar, en unos Ejercicios nos decían: “La oración, tu
relación con Cristo, es algo que solo tú puedes hacer, nadie puede hacerlo por
ti”, y aquello me hizo consciente de lo importante que era cuidarlo.
Y es que Cristo es quien nos
asegura la vida interior, quien nos cubrirá ante cualquier tormenta o ante el
recio sol, que nos guardará el calor para que nuestra vida se vuelva acogedora
para todos, y, bajo su cuidado, transcurre todo nuestro día y nuestro descanso.
¡Bajo su techo siempre tendremos Vida!
Hoy el reto del amor es dialogar
con Cristo. Comienza el día con Él, háblale de ti, de los tuyos, de aquello que
te inquieta por donde sientes que se te pueden abrir goteras. Construye tu
relación con Él para que todo tu día esté cubierto con su Paz.
VIVE DE CRISTO
