El Papa
Francisco introdujo la catequesis afirmando que el fundamento de la misión de
Jesús fue el continuo diálogo con el Padre, el silencio y el recogimiento.
Cuestionado sobre por qué habla mucho sobre la oración, el Obispo de Roma
afirmó: “La oración es como el oxígeno de la vida. La oración es para atraer
sobre nosotros la presencia del Espíritu Santo que siempre nos guía hacia
adelante. Por eso hablo mucho sobre la oración”.
Para animarnos
a la perseverancia, dice Francisco, el Señor nos propone tres parábolas: la del
amigo inoportuno, la de la anciana y el juez inicuo, y la del fariseo y el
publicano.
La oración debe ser tenaz. Dios siempre responde
El Papa,
recordó el texto de Lucas 11,5-8 que nos recuerda un personaje que llama a la
puerta de su amigo en medio de la noche, forzándolo eventualmente a levantarse.
Este relato nos enseña que la oración debe ser tenaz: "Quien llama a la
puerta de su corazón con fe y perseverancia -dice el Papa- no está
decepcionado. Dios siempre responde, siempre".
Nuestro Padre
sabe bien lo que necesitamos; la insistencia no sirve para informarle o
convencerle, sino que sirve para alimentar en nosotros el deseo y la
expectativa".
La segunda
parábola (Lc 18, 1-8) cuenta la insistencia de la viuda que se dirige a un juez
corrupto para pedir justicia. Francisco afirma: “Esta parábola nos hace
comprender que la fe no es el impulso de un momento, sino una valiente disposición
para invocar a Dios, incluso para "discutir" con Él, sin resignarse
al mal y a la injusticia”.
La humildad,
una condición para orar
El tercer
relato es el del fariseo y el publicano (Lc 18, 9-14) que van al templo a
rezar. El primero está lleno de sí mismo, el segundo se siente indigno, pero
Dios escucha al segundo. La historia nos dice que "no hay verdadera
oración sin un espíritu de humildad. Es precisamente la humildad la que nos
lleva a pedir, a rezar".
El Papa
Francisco subraya: “La enseñanza del Evangelio es clara: hay que rezar siempre,
incluso cuando todo parece vano, cuando Dios aparece sordomudo y parece que
perdemos el tiempo. Aunque el cielo se nuble, el cristiano no deja de rezar. Su
oración va de la mano con la fe. Y la fe, en tantos días de nuestra vida, puede
parecer una ilusión, un trabajo estéril. Hay momentos oscuros en nuestra vida y
la oración parece una ilusión. Pero practicar la oración también significa
aceptar este esfuerzo. "Padre, voy a rezar y no siento nada... Me siento tan,
con el corazón seco, con el corazón seco, que no sé...". Pero debemos
continuar, con esta fatiga de los malos momentos, de los momentos en que no
sentimos nada.
Jesús reza con
nosotros y nos escucha
El Papa cita
el ejemplo de muchos santos y santas que "han experimentado la noche de la
fe y el silencio de Dios" y han sido perseverantes. Pero, continúa,
incluso en estos momentos nadie está solo porque Jesús reza con nosotros,
"Nos acoge en su oración, para que podamos rezar en Él y a través de Él. Y
esto es obra del Espíritu Santo". Como explica el Catecismo, esto es lo
que nos da "la certeza de estar cumplidos". Francisco recuerda
entonces las confiadas palabras del Salmo 91: "Te cubrirá con sus plumas,
bajo sus alas encontrarás refugio; su fidelidad será tu escudo y tu
armadura". No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela de día,
la plaga que vaga en la oscuridad, el exterminio que hace estragos al mediodía.
Y él dice:
Es en Cristo
que esta maravillosa oración se cumple, es en Él que encuentra su plena verdad.
Sin Jesús, nuestras oraciones se arriesgarían a ser reducidas a esfuerzos
humanos, la mayoría de las veces destinados al fracaso. Pero ha tomado sobre sí
cada grito, cada gemido, cada júbilo, cada súplica... cada oración humana. Y no
olvidemos al Espíritu Santo. El Espíritu Santo reza en nosotros. Él es quien
nos lleva a orar, nos lleva a Jesús: Él es el Don.
El Papa
finaliza insistiendo en que “por eso el cristiano que reza no teme a nada, se
confía al Espíritu Santo, que nos fue dado como un regalo y que reza en
nosotros, despertando la oración. Que el mismo Espíritu Santo, Maestro de la
oración, nos enseñe el camino de la oración”.
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