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| La transverberación de Santa Teresa de Josefa de Obidos. Crédito: Wikimedia (Dominio Público) |
Cuenta
la Santa y escritora mística que cierta vez vio a su izquierda un ángel en
forma humana. Era de baja estatura y muy hermoso, su rostro lucía encendido y
dedujo que debía ser un querubín, uno de los ángeles de más alto grado.
“Era tan grande el dolor, que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la
suavidad que me pone este grandísimo dolor, que no hay desear que se quite, ni
se contenta el alma con menos que Dios”.
“No
es dolor corporal sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo,
y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que
suplico yo a su bondad lo dé a gustar a quien pensare que miento”, explicó la
Doctora de la Iglesia (Vida 29,13).
Este
tipo de vivencias espirituales es llamado en la Iglesia como “la
transverberación”, que es la experiencia mística de ser traspasado en el
corazón causando una gran herida.
Más
adelante, buscando corresponder a este regalo divino, Santa Teresa hizo el voto
de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Es así
que el resto de su vida, la reformadora y fundadora carmelita se esforzó por
cumplir perfectamente este juramento.
Cuando la Santa partió a la Casa del Padre, la autopsia reveló que en el
corazón de Santa Teresa estaba la cicatriz de una herida larga y profunda. En
la familia carmelita, la fiesta de “la transverberación” de Santa Teresa de
Jesús se celebra cada 26 de agosto.
Como
legado, la Doctora de la Iglesia también dejó plasmada su experiencia mística
en la siguiente poesía de amor, titulada “Mi Amado para mí”:
Fuente: ACI Prensa
