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Luego, el periodista Chiocci hace referencia a «la
opaca gestión de las finanzas vaticanas, el Óbolo de San Pedro, la
imprudencia de ciertas inversiones en el extranjero, el activismo poco
caritativo de los pastores de almas transformadas en lobos de rentas».
Por su parte, el Papa se refiere a San
Ambrosio para resumir su orientación:
«La Iglesia
siempre ha sido una casta meretrix,
una pecadora. Digamos mejor: una parte de ella, porque la gran mayoría va en
dirección opuesta, sigue el camino correcto.
Pero es
innegable que personalidades de varios tipos y caracteres, eclesiásticos y muchos falsos amigos laicos de la Iglesia,
han ayudado a disolver el patrimonio de muebles e inmuebles no del Vaticano
sino de los fieles.
El Evangelio
me llama la atención cuando el Señor pide elegir: o seguir a Dios o seguir al
dinero. Jesús lo dijo, no es posible ir tras ambos».
La anécdota
del perro
Francisco recuerda el buen consejo de
su abuela: «Ella, que ciertamente no era teóloga, siempre nos dijo a los niños
que el diablo entra por los bolsillos. Ella tenía razón. Al igual que la
anciana que conocí en una remota favela de Buenos Aires el día que murió Juan
Pablo II tenía razón: Estaba en un autobús -recuerda Francisco- que iba camino
a una favela, cuando me llegó la noticia que daba la vuelta al mundo».
«Durante la misa, pedí rezar por el
Papa fallecido. Al final de la celebración una mujer muy pobre se acercó a mí,
me pidió información sobre cómo fue elegido el Papa, le hablé de la fumata
blanca, los cardenales, el cónclave. Me interrumpió y me dijo: escucha
Bergoglio, cuando seas papa acuérdate de comprar un perro pequeño.», prosigue.
«Le respondí que difícilmente me
convertiría en Papa, y si es así, por qué debería tener un perro. Porque
cada vez que te encuentras comiendo – esa fue su respuesta – dale un pedacito a
él primero, si está bien entonces sigue comiendo», indica.
«¿Eso es lo que piensa la gente del
Vaticano?», cuestiona el entrevistado. El Papa afirma que obviamente fue una
exageración. «Pero dio cuenta de la idea que el pueblo de Dios», los pobres
entre los pobres, «tenían de la Casa del Señor atravesada por profundas
heridas, luchas internas y malversación».
¿Está solo
el Papa en el Vaticano?
Chiocci sostiene que el Papa pareciera
solo dentro del Vaticano, aunque si «tiene a su lado a casi todos los
observadores y fieles».
El Papa afirma que ha pensado en la
soledad y llegó a la conclusión «de que hay dos niveles de soledad: uno puede
decir, me siento solo porque los que deberían colaborar no colaboran, porque
los que deberían ensuciarse las manos por los demás no lo hacen, porque no
siguen mi línea o cosas así, y esta es una soledad, digamos… funcional».
«Luego – continuó – hay una soledad
sustancial, que no siento, porque he encontrado a tanta gente que arriesga su
vida por mí, que pone su vida en juego, que lucha con convicción porque sabe
que tenemos razón y que el camino tomado, incluso entre mil obstáculos y
resistencias naturales, es el correcto. Ha habido ejemplos
de malos negocios, de traiciones, que lastiman a los que creen en la Iglesia.
Estas personas ciertamente no son monjas de clausura».
El director de la agencia de noticias
italiana, Adnkronos, narra de un
Papa que no sabe si ganará o no la batalla. Pero que está seguro de una cosa:
«Sé que debo hacerlo, he sido llamado a hacerlo, entonces será el Señor quien
dirá si he hecho bien o si he hecho mal. Sinceramente no soy muy optimista
(sonríe) pero confío en Dios y en los hombres fieles a Dios».
Las críticas
al Papa
En el marco de las criticas contra
Francisco por temas que van desde las uniones civiles hasta el acuerdo con
China. Chiocci rememora que el cardenal italiano Ruini afirmó que «criticar
al Papa no significa estar en su contra». El Papa
respondió: «No estaría diciendo la verdad, y estaría equivocando tu
inteligencia si te dijera que la crítica te dejan bien».
«A nadie le gustan, sobre todo cuando
se les da una bofetada en la cara, cuando duelen si se dicen de mala fe y con
malicia. Con la misma convicción, sin embargo, digo que la crítica puede ser
constructiva, y así lo tomo todo porque la crítica lleva a examinarme, a hacer
un examen de conciencia, a preguntarme si me equivoqué, dónde y por qué me
equivoqué, si hice bien, si hice mal, si pude hacerlo mejor», afirma.
«El Papa escucha todas las críticas y
luego ejerce el discernimiento, para entender lo que es bueno y lo que no.
Discernimiento que es la guía de mi camino, en todo, en todos. Y aquí –
continúa el Papa – la comunicación honesta sería importante para decir la
verdad sobre lo que está pasando dentro de la Iglesia. Es verdad que si en la
crítica tengo que encontrar la inspiración para hacerlo mejor, ciertamente no
puedo dejarme arrastrar por todo lo que escriben sobre el Papa que no es muy
positivo», agrega.
¿Tiene miedo
el Papa?
Le preguntaron al Francisco: ¿tiene
miedo el Papa? «¿Y por qué debería tenerlo?» se pregunta el obispo de Roma y
devuelve la pregunta al entrevistado. «No temo ninguna consecuencia contra mí,
no temo nada, actúo en el nombre y a favor de nuestro Señor. ¿Soy
imprudente? ¿Estoy falto de precaución? No sabría qué decir, me guía el
instinto y el Espíritu Santo, me guía el amor de mi maravilloso pueblo que
sigue a Jesucristo. Y entonces rezo, rezo mucho, todos nosotros en este difícil
momento debemos rezar mucho por lo que está pasando en el mundo».
Coronavirus
y las iglesias vacías
El entrevistador recuerda que el
coronavirus arrastra consigo ansiedad, muerte y miedo. Chiocci le pregunta al
Papa si no teme que con las nuevas restricciones al culto para evitar
contagios, haya repercusiones para la Iglesia.
«No quiero entrar en las decisiones
políticas del gobierno italiano, pero le contaré una historia que me ha causado
un disgusto: oí de un obispo que dijo que con esta pandemia la gente ‘ha
perdido la costumbre’ – lo dijo así – de ir a la iglesia, que nunca más
volverán a arrodillarse ante un crucifijo o a recibir el cuerpo de Cristo. Digo
que si esta ‘gente’, como los llama el obispo, vinieron a la iglesia por
costumbre, es mejor que se queden en casa. Es
el Espíritu Santo quien llama a la gente. Tal vez después de esta dura prueba,
con estas nuevas dificultades, con el sufrimiento que entra en las casas, los
fieles serán más verdaderos, más auténticos, créeme, así será».
Ary Waldir Ramos Díaz
Fuente: Aleteia
