Ayer por la tarde me fui al “taller” porque me estaba haciendo un
“artilugio” con unas maderas. Todo era para hacer una sujeción, de manera que
pudiera sostener el cuero y así coserlo con mayor facilidad.
Era una tarde súper bonita: un sol medio atardecido, con ese tono
otoñal tan característico en el que los árboles te ofrecen toda la gama de
colores amarillos, hojas caídas por el suelo... Así que me saqué la mesa de
trabajo y las herramientas a la huerta y ahí en medio me puse a trabajar.
Mientras lo hacía, le preguntaba al Señor: “¿No será una pérdida de
tiempo dedicar alguna hora a esto, que ni siquiera sé si me va a salir?”
Mientras mi mente estaba por allá, mis manos seguían trabajando, pero a
veces me entraba la prisa y me jugaba malas pasadas... ¡Hasta 3 veces se me
partió la tabla solo por la prisa! Y me daba cuenta de que por eso Él no tiene
ninguna prisa con nosotros, porque sabe que, en un trabajo artesano, las prisas
no son buenas.
En su carpintería tuvo que darle muchas vueltas a estas cosas. Seguro
que se daba cuenta de que tenía por delante un trabajo artesano, y el trabajo
manual no hace copias, sino que hace obras exclusivas, a cada uno inigualable y
único.
Y así iba haciendo un recorrido por su vida terrena, hasta que de
pronto caí en la cuenta de que en un madero fue clavado. Él, un maestro
carpintero, acabó dándolo todo por nosotros en una Cruz. Ahí ha querido
entregarse del todo por nosotros, por cada uno, dándonos todo su tiempo y todo
su ser al morir por nosotros. Y resucitó liberándonos para que también nosotros
pudiéramos amar como Él hace cada día con nosotros.
Y es que amar comienza así, en lo pequeño, en lo que sabemos hacer, tal
y como Él comenzó: en una carpintería. Si nuestros Dones los ponemos a sus
pies, Él los multiplicará en oportunidades para apostar por el amor. Y el Amor
nunca es una pérdida de tiempo. Y lo genial es que hay dones de todo tipo:
desde los que saben escuchar, coser, los que predican, los que hacen reír como
nadie, o los que guisan para chuparse los dedos...
Hoy el reto del amor es hacer algo que te gusta apostando por el amor.
No dejes que quede en ti, hazlo para los demás y el Señor te sorprenderá
activando tu vida para el amor. “Hay más felicidad en dar que en recibir” (Hch
20, 35).
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
