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| El Papa Francisco en Estrasburgo, Parlamento Europeo, Unión Europea |
El Santo Padre Francisco firmó en
la Ciudad del Vaticano, el pasado 22 de octubre, en la memoria de San Juan
Pablo II, la carta que dirigió al Cardenal
Secretario de Estado, Pietro Parolin, con ocasión del 40º
aniversario de la Comisión de los Episcopados de la Unión Europea (COMECE), el
50º aniversario de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y la Unión
Europea y el 50º aniversario de la presencia de la Santa Sede como Observador
Permanente ante el Consejo de Europa.
Dirigiéndose al Cardenal
Secretario de Estado, el Papa comienza su carta en recordando
que en este año, la Santa Sede y la Iglesia en Europa celebran algunos
acontecimientos significativos. Y destaca que hace cincuenta años se concretó
la colaboración entre la Santa Sede y las Instituciones europeas surgidas
después de la Segunda Guerra Mundial, mediante el establecimiento de las
relaciones diplomáticas con las entonces Comunidades Europeas y la presencia de
la Santa Sede como Observador ante el Consejo de Europa.
Integración del
continente y superación de las hostilidades
Después, en 1980, se creó la
Comisión de los Episcopados de las Comunidades Europeas (COMECE), en la que participan
con un delegado propio todas las Conferencias Episcopales de los Estados
Miembros de la Unión Europea, con el objetivo de favorecer “una colaboración
más estrecha entre dichos Episcopados, en orden a las cuestiones pastorales
relacionadas con el desarrollo de las competencias y de las actividades de la
Unión”. Además, este año se celebró el 70º aniversario de la
Declaración Schuman, acontecimiento que inspiró el largo camino de
integración del continente, haciendo posible que se superen las hostilidades
producidas a causa de los dos conflictos mundiales.
El Pontífice comparte algunas
reflexiones sobre el futuro de este continente, particularmente querido, no
sólo por sus orígenes familiares, sino también por el papel central que tuvo
debe en la historia de la humanidad.
Europa tiene aún
mucho que dar al mundo
Estas palabras del Papa, tal como
él mismo afirma, nacen de su “solicitud de Pastor y de la certeza de que Europa
aún tiene mucho que dar al mundo”. De manera que sólo tienen la pretensión de
ser “una aportación personal a la reflexión tan necesaria sobre su futuro”. Por
esta razón Francisco le agradece que pueda compartir su contenido en los
diálogos que mantendrá con las Autoridades europeas y con los miembros de la
COMECE, a quienes que exhorta “a colaborar con espíritu de comunión fraterna
con todos los obispos del continente, reunidos en el Consejo de las
Conferencias Episcopales de Europa (CCEE)”.
Cercanía del Papa
Tras pedirle al Cardenal
Secretario de Estado que lleve a cada uno su saludo personal y el signo de su
cercanía a los pueblos que representan, el Papa manifiesta su deseo de que esos
encuentros representen una “ocasión propicia para profundizar las relaciones de
la Santa Sede con la Unión Europea y con el Consejo de Europa, y para confirmar
a la Iglesia en su misión evangelizadora y en su servicio al bien común”. Del
papel de la Iglesia el Santo Padre afirma que se vuelve más relevante aún en el
contexto de la pandemia que estamos atravesando:
“De hecho, el
proyecto europeo surge como voluntad de poner fin a las divisiones del pasado.
Nace de la conciencia de que juntos y unidos somos más fuertes, que `la unidad
es superior al conflicto’ y que la solidaridad puede ser ‘un modo de hacer la
historia, un ámbito viviente donde los conflictos, las tensiones y los opuestos
pueden alcanzar una unidad pluriforme que engendra nueva vida’”
La pandemia
constituye como una línea divisoria
Francisco también destaca que en
nuestro tiempo, que “da muestras de estar volviendo atrás”, en el que prevalece
la idea de ir cada uno por su cuenta, la pandemia constituye como una línea
divisoria que obliga a hacer una elección: o se sigue el camino tomado en el
último decenio, alentado por la tentación de la autonomía, enfrentando
crecientes incomprensiones, contraposiciones y conflictos; o bien se redescubre
ese camino de la fraternidad, que sin duda fue el que inspiró y animó a los
Padres fundadores de la Europa moderna, a partir justamente de Robert Schuman”.
Y añade:
“En las noticias
europeas de los últimos meses, la pandemia puso en evidencia todo esto: la
tentación de ir cada uno por su cuenta, buscando soluciones unilaterales a un
problema que trasciende los límites de los Estados, pero también, gracias al
gran espíritu de mediación que caracteriza a las Instituciones europeas, el
deseo de recorrer con convicción el camino de la fraternidad que es además
camino de la solidaridad, poniendo en marcha la creatividad y nuevas
iniciativas”
Actualidad las
palabras de San Juan Pablo II
De ahí la necesidad de “consolidar
las medidas adoptadas para evitar que los empujes centrífugos recobren fuerza”.
Por esta razón el Papa afirma que “resuenan hoy con gran actualidad las
palabras que San Juan Pablo II pronunció en el Acto europeo en Santiago de
Compostela: Europa, “vuelve a encontrarte. Sé tú misma”. Y añade que ”en un
tiempo de cambios repentinos se corre el riesgo de perder la propia identidad,
especialmente cuando desaparecen los valores compartidos sobre los que se funda
la sociedad”.
“En este momento,
quisiera decirle a Europa: Tú, que has sido una fragua de ideales durante
siglos y ahora parece que pierdes tu impulso, no te detengas a mirar tu pasado
como un álbum de recuerdos”
Si bien “con el tiempo, aun las
memorias más hermosas se desvanecen y acaban siendo olvidadas”, Francisco
escribe que “tarde o temprano nos damos cuenta de que los contornos del propio
rostro se esfuman, nos encontramos cansados y agobiados de vivir el tiempo
presente, y con poca esperanza de mirar al futuro”. Sin embargo agrega que “sin
una noble motivación nos descubrimos frágiles y divididos, y más inclinados a
lamentarnos y a dejarnos atraer por quien hace de las quejas y de la división
un estilo de vida personal, social y político”.
“Europa, ¡vuelve a
encontrarte! Vuelve a descubrir tus ideales, que tienen raíces profundas. ¡Sé
tú misma! No tengas miedo de tu historia milenaria, que es una ventana abierta
al futuro más que al pasado”
Y manifiesta su deseo de que el
Viejo Continente no tema su propio “anhelo de verdad, que desde la antigua
Grecia abrazó la tierra, sacando a la luz los interrogantes más profundos de
todo ser humano; de tu sed de justicia, que se desarrolló con el derecho romano
y, con el paso del tiempo, se convirtió en respeto por todo ser humano y por
sus derechos; de tu deseo de eternidad, enriquecido por el encuentro con la
tradición judeo-cristiana, que se refleja en tu patrimonio de fe, de arte y de
cultura”.
Los sueños del Papa
para el futuro de Europa
Por otra parte, “mientras en
Europa tantos se interrogan con desconfianza sobre su futuro, muchos otros la
miran con esperanza, convencidos de que todavía tiene algo que ofrecer al mundo
y a la humanidad”, escribe el Santo Padre y manifiesta sus sueños.
“Sueño, entonces,
una Europa amiga de la persona y de las personas. Una tierra donde sea
respetada la dignidad de todos, donde la persona sea un valor en sí y no el
objeto de un cálculo económico o una mercancía. Una tierra que cuide la vida en
todas sus etapas, desde que surge invisible en el seno materno hasta su fin
natural, porque ningún ser humano es dueño de la vida, sea propia o ajena. Una
tierra que favorezca el trabajo como medio privilegiado para el crecimiento
personal y para la edificación del bien común, creando fuentes de empleo
especialmente para los más jóvenes”
Que Europa sea una
familia y una comunidad
Además, el Obispo de Roma escribe
que sueña una Europa “que sea una familia y una comunidad”. Un lugar que sepa
valorar las peculiaridades de todas las personas y los pueblos, sin olvidar que
estos están unidos por responsabilidades comunes. Y tras afirmar que “ser
familia significa vivir la unidad teniendo en cuenta la diversidad, a partir de
la diferencia fundamental entre hombre y mujer”, el Papa Francisco recuerda:
“Los últimos años,
y aún más la pandemia, han demostrado que nadie puede salir adelante solo y que
un cierto modo individualista de entender la vida y la sociedad lleva solamente
al desánimo y a la soledad. Todo ser humano aspira a ser parte de una
comunidad, es decir, de una realidad más grande que lo trasciende y que da
sentido a su individualidad. Una Europa dividida, compuesta de realidades
solitarias e independientes, fácilmente se encontrará incapaz de hacer frente a
los desafíos del futuro”
Una Europa
solidaria y generosa
Francisco también sueña una
Europa solidaria y generosa. Un lugar acogedor y hospitalario, donde “la
caridad venza toda forma de indiferencia y egoísmo”. Y se refiere a una
“solidaridad inteligente” que no se limite sólo a asistir las necesidades
fundamentales en casos puntuales.
La cuestión de los
migrantes
Además, la solidaridad se nutre
de gratuidad y engendra gratitud. Y la gratitud nos lleva a mirar al otro con
amor; pero cuando nos olvidamos de agradecer por los beneficios recibidos,
somos más propensos a cerrarnos en nosotros mismos y a vivir con miedo a todo
lo que nos rodea y es diferente a nosotros.
“Lo vemos en los
numerosos temores que atraviesan nuestras sociedades actuales, entre los que no
puedo callar el recelo respecto a los migrantes”
Como escribe el Obispo de Roma
“sólo una Europa que sea comunidad solidaria puede hacer frente a este desafío
de forma provechosa, mientras que las soluciones parciales ya han demostrado su
insuficiencia”:
“Es evidente, en
efecto, que la necesaria acogida de los migrantes no puede limitarse a simples
operaciones de asistencia al que llega, a menudo escapando de conflictos,
hambre o desastres naturales, sino que debe consentir su integración para que
puedan conocer, respetar y también asimilar la cultura y las tradiciones de la
nación que los acoge”
Una Europa
sanamente laica
El Santo Padre sueña asimismo con
“una Europa sanamente laica”, donde Dios y el César sean distintos pero no
contrapuestos. Una tierra abierta a la trascendencia, donde el que es creyente
sea libre de profesar públicamente la fe y proponer su punto de vista en la
sociedad.
“Los cristianos
tienen hoy una gran responsabilidad: como la levadura en la masa, están
llamados a despertar la conciencia de Europa, para animar procesos que generen
nuevos dinamismos en la sociedad. Los exhortos, pues, a comprometerse con
valentía y determinación a ofrecer su colaboración en cada ámbito donde viven y
trabajan”
Y concluye manifestando su
esperanza de que no le falte a la querida Europa la protección de sus santos Patronos:
san Benito, los santos Cirilo y Metodio, santa Brígida, santa Catalina y santa
Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein), hombres y mujeres que por amor al
Señor han trabajado sin cesar en el servicio de los más pobres y en favor del
desarrollo humano, social y cultural de todos los pueblos europeos. A la vez
que le pide al Cardenal Secretario de Estado que lleve a todos su Bendición.
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