Durante octubre se toma la decisión sobre la propuesta del Vaticano de prorrogar ad experimentum las reglas provisionales. "Vale la pena continuar", explicó el Cardenal Parolin
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| Imagen de archivo (©WaitforLight - stock.adobe.com) |
El Papa Francisco, en su "Mensaje a los católicos chinos y a la
Iglesia Universal", en septiembre de 2018, inmediatamente después de la
firma del Acuerdo Provisional, recordó que en los últimos decenios, las heridas
y las divisiones en el seno de la Iglesia Católica en China se habían
polarizado "sobre todo, en torno a la figura del obispo como guardián de
la autenticidad de la fe y garante de la comunión eclesial". Las
intervenciones de las estructuras políticas en la vida interna de las
comunidades católicas habían provocado la aparición del fenómeno de las
llamadas comunidades "clandestinas", que trataban de escapar al
control de la política religiosa del gobierno.
Consciente de las heridas de la comunión de la Iglesia causadas por las
debilidades y los errores, pero también por la indebida presión externa sobre
las personas, el Papa Francisco, después de años de largas negociaciones
iniciadas y llevadas a cabo por sus predecesores, restableció la plena comunión
con los obispos chinos ordenados sin mandato pontificio. Una decisión tomada
después de reflexionar, rezar y examinar cada situación personal. El único
propósito del Acuerdo Provisional, el Pontífice dejó claro, es “sostener y
promover el anuncio del Evangelio, así como el de alcanzar y mantener la plena
y visible unidad de la comunidad católica en China”.
Los dos primeros años han traído nuevos nombramientos episcopales con
el acuerdo de Roma y algunos obispos fueron reconocidos oficialmente por el gobierno
de Pekín. Los resultados -también a causa de la pandemia que, de hecho, ha
bloqueado los contactos en los últimos meses- han sido positivos, aunque
limitados, y sugieren seguir adelante con la aplicación del Acuerdo durante
otro período.
Andrea Tornielli
Vatican News
