
Aquí seguimos con los dibujos del calendario, cada día uno o dos:
entintar, pintar y... corregir. Corregir es lo más difícil, porque cada uno ve
sus propios fallos cuando pasa un periodo de tiempo en el que el dibujo está en
reposo.
Cuántas veces, después de un tiempo, vuelvo a mirar un dibujo y, lo que
parecía proporcionado en su momento, resulta no ser lo que parecía. Otras veces
parece que algo raro sucede y no sé encontrar el motivo. Pero, esta vez, no
contamos con ese tiempo de margen, ¿qué podía hacer?
Efectivamente, empecé a coger los dibujos y a mirarlos dándoles la
vuelta y poniéndolos sobre la ventana: una cara deformada, un brazo, un
gesto... ¡se veía todo! Y es que el cerebro lo reconoce como un dibujo nuevo,
ajeno a ti, sin que tenga que haber tiempo de reposo por medio que se encargue
de ello.
Orar es poner nuestros dibujos girados sobre la ventana, es ver nuestra vida desde un punto de vista diferente: el punto de vista de Cristo, el del Amor.
Cuántas veces no sabemos qué nos pasa, qué nos entristece o qué hacer
para que algo se solucione, y pensamos que “el tiempo cura”. Sin embargo, la
manera de que puedas vivir tu presente es orar, dejar que Cristo te muestre tu
dibujo.
Bajo la mirada de Cristo, cuando te sientas garabato, podrás ver la
obra maestra que Él ha creado en ti. Podrás hacer rectas las líneas que han
perdido su rumbo, dejando que te dé la mano y te lleve de vuelta; recuperar el
color perdido sabiéndote amado, acogido en tu debilidad; y dar color a los que
te rodean desde el perdón y la compasión; ante las manchas de tinta que veas,
podrás acercarte con Cristo, sin miedo, y dejar que sane las heridas que el
tiempo “tapa” pero que Cristo cura. Y es que tu dibujo “imperfecto”, bajo la
mirada de Cristo se restaura, se sabe amado, ¡se vuelve nuevo!, y puede seguir
caminando cada día de una manera renovada.
Hoy el reto del amor es que des la vuelta a tu dibujo. Así, como estás,
no esperes a ver tu dibujo perfecto; acércate a Él con todo lo que tienes en el
corazón, entra un rato en una iglesia, háblale de ti y deja que Él te muestre
lo que ve en ti: verás que no tienes que exigirte tanto, basta dejarte amar.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma