Los Papas contemporáneos prestaron especial atención a
El Líbano, y tres de ellos lo visitaron
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| Imagen de archivo (ANSA) |
Las palabras fuertes que el Papa Francisco dirigió
durante el Ángelus dominical a El Líbano, tras la doble explosión en el puerto
de Beirut del martes pasado, representan una ocasión para subrayar el vínculo
que une al País de los Cedros con la Santa Sede. Los Papas contemporáneos
prestaron especial atención a El Líbano, y tres de ellos lo visitaron
El primer Obispo de Roma que pisó suelo libanés fue
San Pablo VI en 1964. No fue una verdadera visita pastoral a El Líbano, sino
una simple escala técnica de una hora en su camino hacia el Congreso
Eucarístico en Bombay, en la India, como parte de su segundo viaje apostólico.
Sin embargo, aunque muy corta, esta escala en el aeropuerto internacional de
Beirut quedó en la memoria del pueblo libanés, que asocia el 2 de diciembre de
1964 con los años felices del país, entonces relativamente estable y próspero,
y llamado la "Suiza de Oriente Medio".
Las imágenes de archivo muestran una multitud de miles
de libaneses alrededor del aeropuerto, y grupos de personas en los balcones y
ante las ventanas tratando, al menos, de echar un vistazo y aplaudir al Papa.
Acogido por el Presidente de la República, Charles Hélou, y por las principales
autoridades políticas y religiosas del país, Pablo VI pronunció un breve
discurso en francés, haciendo de este viaje la continuación del recorrido
histórico que lo había llevado a Tierra Santa en enero de aquel año. Durante su
parada en Beirut el Papa Montini había subrayado:
“El Líbano, nos complace decir en este lugar, ocupa
con honor su lugar entre las naciones. Su historia, su cultura y el carácter
pacífico de sus habitantes le han hecho ganar, se podría decir, la estima
general y la amistad. Sus antiguas y venerables tradiciones religiosas, sobre
todo, parecen dignas de nuestro elogio. Y no podemos olvidar, en particular
todo lo que la fe de las poblaciones cristianas libanesas representa para la
Iglesia, expresada en la armoniosa diversidad de los ritos, en la abundancia y
variedad de las comunidades religiosas y monásticas, y en las numerosas
actividades de carácter apostólico, educativo, cultural o caritativo”
Dolor de Pablo
VI ante las primeras batallas de la guerra civil
Lamentablemente, el final del Pontificado de Pablo VI
estuvo marcado por el comienzo de la guerra civil en El Líbano, o más bien las
"guerras", en plural, ya que los intereses externos llegaron a
confundir y a perturbar el frágil equilibrio libanés. El Papa no dejaría, hasta
el final de sus fuerzas, de hacer llamamientos por la paz y por la protección
de la población. El 5 de julio de 1978, un mes antes de su muerte, volvía a
rogar a los beligerantes que firmaran un alto el fuego cuando observó que los
"fuertes bombardeos" habían “golpeado los barrios cristianos de
Beirut, la capital, causando numerosas víctimas, muertos y heridos, además de
destrucción y sembrando el terror entre la población sin defensa".
Juan Pablo II y
su afecto por el pueblo libanés
El dolor del conflicto en El Líbano también marcó los
primeros años del Pontificado de San Juan Pablo II, cuya Misa inicial, el 22 de
octubre de 1978, en la Sede de Pedro se celebró ante la presencia del entonces
Jefe de Estado del país, Elías Sarkis. Entre las numerosas intervenciones de
Juan Pablo II sobre este tema, cabe destacar su Mensaje a todos los libaneses
del 1° de mayo de 1984, escrito tras un encuentro con los Patriarcas de las
Iglesias del país en comunión con Roma.
El profundo afecto que siento desde hace mucho tiempo
por este país y su población, tan probada, me autoriza, creo, a dirigir una
palabra amigable a todos los libaneses, católicos, cristianos y musulmanes: ¡Sé
que llegará a sus corazones!", escribió entonces el Santo Papa polaco,
invitando a los ciudadanos de este país a tener confianza en su nación y en la
humanidad, e invitando sobre todo a los cristianos a tomar el camino de la paz.
“La Iglesia en El Líbano debe asegurar proféticamente
el ministerio del diálogo y de la reconciliación que tiene su fuente en el
corazón de Cristo que, como lo recordó la Iglesia durante la Semana Santa, al
afirmar que dio su vida por la multitud”
La
reconstrucción de un "País mensaje"
Durante los últimos años de la guerra, el Papa
movilizaría redes informales y formales para tratar de salvar vidas y encontrar
soluciones al conflicto. En 1997, después de diecinueve años de espera, Juan
Pablo II logró finalmente ir físicamente a Beirut, para un viaje apostólico que
quedó en la historia, sobre todo por su expresión "País mensaje, que
todavía hoy utilizan con frecuencia los libaneses que quieren poner de relieve
la misión particular de El Líbano en el concierto de las naciones y en el plan
de Dios.
Esta visita relativamente corta, de treinta y seis
horas, fue sobre todo una oportunidad para sentar las bases para el futuro. El
Papa polaco, ya debilitado físicamente, se dirigió en particular a los jóvenes
con estas palabras:
“Les corresponde a ustedes derribar los muros que han
podido erigirse durante los períodos dolorosos de la historia de su Nación; ¡no
levanten nuevos muros en su país! Por el contrario, es su tarea construir
puentes entre las personas, entre las familias y entre las diferentes
comunidades. En la vida cotidiana, deseo que hagan gestos de reconciliación,
¡para pasar de la desconfianza a la confianza!”
Benedicto XVI y
la invitación a echar raíces en Dios
Quince años después, su sucesor, Benedicto XVI,
seguiría sus pasos en septiembre de 2012, para el último viaje apostólico de su
Pontificado, organizado después del Sínodo de 2010 sobre las Iglesias
Orientales. Mientras el conflicto en la vecina Siria y el contexto turbulento
de muchos países de Oriente Medio despertaba temor por un viaje de alta
tensión, el Papa también fue recibido en un ambiente cálido y consensuado por
los movimientos musulmanes que lo saludaron agitando banderas del Vaticano,
para el asombro de los periodistas occidentales.
El Papa hoy emérito señalaba en su discurso durante la
ceremonia de bienvenida que el frágil equilibrio libanés "corre a veces el
riesgo de romperse cuando se estira como un arco, o se somete a presiones que
con demasiada frecuencia son parciales, interesadas, contrarias y ajenas a la
armonía y dulzura libanesas". Es aquí donde debe mostrarse una verdadera
moderación y una gran sabiduría", continuó Benedicto XVI, invitando al pueblo
libanés a mantener su anclaje en Dios.
El Papa
Francisco y su estímulo para la juventud libanesa
Por su parte, el Papa Francisco no ha tenido aún la
oportunidad de hacer un viaje apostólico a El Líbano, pero su gran atención a
la importancia del diálogo islámico-cristiano en el área del Mediterráneo le da
naturalmente al País de los Cedros un lugar especial en su corazón y su
magisterio. En 2013, el primer Viernes Santo de su Pontificado, pocos días
después de su elección, estuvo caracterizado por el Vía Crucis en el Coliseo
con meditaciones escritas por jóvenes libaneses. Un pasaje significativo decía:
“Señor, que la sangre de las víctimas inocentes sea la
semilla de un nuevo Oriente más fraternal, más pacífico y más justo, y que este
Oriente recupere el esplendor de su vocación de cuna de la civilización y de
los valores espirituales y humanos. Estrella del Este, muéstranos la llegada
del Amanecer”
En sus palabras finales, el Papa Francisco recordaba
que "la palabra de la Cruz es también la respuesta de los cristianos al
mal que sigue actuando en nosotros y a nuestro alrededor. Y, en sus palabras
finales, el Papa Bergoglio recordaba que “los cristianos deben responder al mal
con el bien, tomando la Cruz sobre ellos mismos, como Jesús”.
“Esta noche hemos escuchado el testimonio de nuestros
hermanos y hermanas de El Líbano: son ellos los que han compuesto estas
hermosas meditaciones y oraciones. Les agradecemos de todo corazón este
servicio y especialmente por el testimonio que nos dan. Lo vimos cuando el Papa
Benedicto fue a El Líbano: vimos la belleza y la fuerza de la comunión de los
cristianos de aquella tierra y la amistad de muchos hermanos musulmanes y de
muchos otros. Fue una señal para Oriente Medio y para el mundo entero: una
señal de esperanza”
Casi siete años y medio después, esta esperanza sigue
expresándose en las intervenciones del Papa Francisco y con gestos concretos,
como la financiación de cuatrocientas becas para estudiantes libaneses,
decisión anunciada el 14 de mayo pasado. Según el Santo Padre, es invirtiendo
en la capacidad creativa de los jóvenes como nacerá un nuevo Líbano, fiel a sus
raíces espirituales y dirigido hacia un futuro de justicia y de paz.
Cyprien Viet – Ciudad del Vaticano
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