No
es oro todo lo que reluce
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Israel
y yo llevamos varios días elaborando unas pulseras-rosarios. En una goma ancha,
vamos metiendo diez bolas, para después poner el enganche, los remates, ¡y
listo!
Las
bolas son de color plateado y vienen en bolsas de cien. Y, claro, entre tantas,
¡alguna sale mal!
El
problema es que no lo descubres hasta que la metes en la goma. Sí, porque, por
fuera, todas las bolas son exactamente iguales: redondas, brillantes, pulidas.
Pero, el orificio... ¡eso ya es otra cosa! Algunos no tienen bien hecha la
abertura, o les ha quedado alguna rebaba por dentro. La cuestión es que, ese
detalle, ¡no se ve!
Coges
confiada una bolita, metes la goma por el agujero y, al pasarla, si el interior
del orificio no está bien, ¡zas!, toda la goma se engancha y se estropea.
Esto
me ha hecho orar mucho: ¡qué importante es estar bien por dentro, sin aristas,
ni rebabas! Es cierto que, en la apariencia, no va a haber diferencia, ¡es
fácil brillar por fuera! El problema llega cuando hay que trabajar en equipo o
surge una situación complicada: unas bolas se engarzan en la goma sin
dificultad, ¡pero otras la destrozan!
Ya
lo dice Jesús: “De lo que rebosa el corazón, habla la boca” (Lc 6, 39). En
medio de tantos quehaceres y tareas pendientes, dedicar unos minutos a cuidar
nuestro interior puede parecer desaprovechar el tiempo; sin embargo, en
realidad, ¡es una inversión!
Detenerse
a orar es permitir a Cristo “pulir” tu orificio, limar tus asperezas, de forma
que la goma del día pueda fluir sin enganchones. Detenerse a orar es un acto de
humildad, es reconocer que no depende todo de ti, que tu mayor fuerza no está
en ti, sino en Él. Y detenerse a orar es también un acto de amor... porque uno
elige estar con las personas que ama.
¿Te
has fijado? Cristo se ha quedado en el Sagrario porque eligió esperarte, porque
quiere estar contigo cuando llegues...
Hoy
el reto del amor es pasar unos minutos con Cristo antes de comenzar tu jornada.
Y, si puede ser en una iglesia, ante el Sagrario, ¡mucho mejor! Deja que Él
llene de paz tu corazón. Al salir, tu agenda no habrá cambiado, pero, con
Cristo, ¡las vivirás de otra manera!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
