No
tengas miedo
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer,
la primera camiseta que había en mi armario tenía un enorme punto rojo en todo
el centro. Parecía muy cómoda, pero mi duda era importante: “¿Se transparentará
con el hábito?”.
Como
ahora en verano hace algo más de calor, la tela de los hábitos es muy finita...
pero, aún así y todo, decidí arriesgar: primero la camiseta, encima la camisa,
el “cuello” (que tiene un poco de babero), la túnica y el escapulario...
Y
no, efectivamente no se trasparentaba, pero me entró la risa: “Con la cantidad
de capas que llevamos...”.
Sin
embargo, aquello se me quedó grabado porque, solo hace unos días, estuve
hablando con unos amigos de su bebé, de lo simpático y agradecido que es. Y les
decía que así es su esencia, así es como es él. Y nos reíamos juntos al pensar
que luego crecen, y ya nos vamos poniendo “capas” encima de nuestra esencia...
Sí,
a todos nos ha sucedido que, en un momento dado, descubrimos nuestro “punto
rojo”, como el de mi camiseta, y, al verlo, nos hemos ido poniendo capas encima
para ocultarlo y que se notara lo menos posible: cuando nos descubrimos
miedosos o frágiles, nos ponemos una dura armadura; cuando nos sentimos
despistados o torpes, nos ponemos la camisa del perfeccionismo; cuando somos
todo corazón, nos volvemos rígidos para que no se nos note... Parece como si
ese “punto rojo” fuera algo a eliminar y, como no sabíamos cómo hacerlo, lo
pretendemos ocultar en lo más hondo de nosotros.
Sin
embargo, a Cristo no le sobra nuestro punto rojo; nuestra debilidad no le
asusta, al contrario, tantas veces se vale de ella para que no nos salgamos
demasiado del camino...
Cristo
ha venido para salvarnos, porque nosotros mismos no podemos ni siquiera quitar
todo eso que nos gustaría eliminar de nosotros mismos. Y, aunque creyéramos
haberlo logrado, solo lo estaríamos ocultando bajo la camisa...
Sin
embargo, Él sí puede, Él lo ha hecho muriendo y resucitando por ti y por mí. Él
nos regala su Amor para que podamos mirarnos a nosotros mismos sin miedos,
descubriendo que nuestra realidad es amada. Y ese Amor nos hace libres, nos
abre el corazón para poder ser transparentes ante todos. Y es ahí, al abrirle
nuestro corazón, cuando le damos paso a que nos cure, a que nos vaya sanando...
Eso es algo que solo Él puede hacer.
Hoy
el reto del Amor es no tener miedo a mostrar tu punto débil ante el Señor. Él
lo único que necesita para manifestarse en tu vida es un corazón abierto, no un
corazón perfecto. No tengas miedo, de Él solo recibirás Amor. Y ante Él siempre
encontrarás la puerta para comenzar un camino nuevo.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
