A
mi manera...
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El
otro día, en el recreo, no sé cómo, salió el tema de la cocina: lo que les
gusta cocinar a unas o a otras, las especialidades... Y, bueno, hablando de
habilidades, tuve que reconocer una “espinita” que tengo clavada: soy incapaz
de hacer la bechamel.
¡Ya
lo sé, es una receta básica! Pero, cuando no se me pega, se me llena de grumos,
y, si no, sabe a harina que mata...
Aquella
confesión tuvo una reacción divertidísima. Nadie se podía creer que una crema
tan fácil la tuviese tan atravesada. ¡Así que todas las monjas se pusieron
manos a la obra!
Una
tras otra me fueron diciendo sus consejos, sus trucos, su forma de hacerlo...
¡¡me emocionó muchísimo ver cómo todas querían echarme una mano!!
Pero,
lo más divertido de todo es que, aunque es una receta básica, ¡cada una la hace
a su manera! Una añade vino dulce; otra, nuez moscada; aquella le pone quesitos
y esta sofríe los tropiezos antes de echar la harina... Todas hacen bechamel, a
todas les sale riquísima, ¡pero cada una es completamente distinta!
Esto
me hizo recordar algo que leí hace tiempo. Era sobre el amor y la fidelidad del
Señor. El sacerdote decía que Cristo ama a cada persona con un amor infinito y,
a la vez, un amor totalmente único. Decía que Su amor es de un “color”
diferente con cada uno, ¡y es irrepetible!
Para
Cristo tú no eres “uno más”. Para Él eres tan valioso, que cree que merece la
pena morir por ti. Más aún: lo ha hecho.
Su
amor es original contigo, y es solo para ti. Él se te mostrará de una forma o
de otra, para que puedas ir conociéndoLe. ¡Se adapta a ti y a tus
circunstancias! Jesús es como el agua: toma la forma del recipiente, pero
siempre es agua.
Esto
tiene otra enorme ventaja: ¡puedes descubrir mucho del Señor apoyándote en los
demás! Tus hermanos experimentan al Señor de forma distinta a ti. Cristo es el
mismo, pero cada uno vamos conociendo facetas diferentes; y así, la vivencia de
otros, puede dar luz a tu vida espiritual, ¡y tú a la suya!
Con
tanto ánimo, al siguiente día me lancé a hacer una bechamel, ¡y me salió! Muy
rica, sí, y ¡distinta a las demás! La bechamel es una, pero, en manos de cada
cocinero, adquiere un toque diferente. ¡Aprovecha para descubrir sabores
nuevos!
Hoy
el reto del amor es dar gracias por el camino que Cristo ha pensado para ti.
Dale gracias por formar parte de tu vida, ¡por haberLe conocido! Disfruta
sabiendo que el “sabor” de Su amor por ti es absolutamente único... y
respóndeLe con un gesto de amor. ¡No imaginas lo mucho que Él lo espera y
agradece! En tu respuesta, la bechamel saldrá realmente deliciosa... ¡Feliz
día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
