Mirar
a Cristo
Hola,
buenos días, hoy sor Amada nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
En
nuestra Comunidad, no solo tenemos a Jubi, la graciosa beagle, sino también un
gato color canela que llegó al Monasterio antes que la perrita. Siempre los
perros son mas fieles; el gato es felino y, aunque le estés acariciando, a la
tercera vez ya me ha echado las uñas, y eso que le doy de comer y le hablo.
Casi siempre está por la huerta y responde a un silbido. Le tuve que acostumbrar
desde pequeño, pues la huerta es grande, y es genial verle correr cuando me
oye, pues sabe que le traigo la comida.
Pero
hay algo admirable: cuando alguna monja sale a andar, sin saber cómo, aparece,
se pone a nuestra derecha, y va todo el rato a nuestro lado. Pero, ¡curioso!,
también es interesado y egoísta: cuando hace calor, te sigue diez pasos y se
sienta en la acera a esperar que vuelvas, y, si tiene galbana, ni se inmuta
cuando pasas por su lado.
Ayer
hizo mucho viento por la tarde; con el fresquito fue genial, no había que
llamarle: iba a nuestro lado como un gatito fiel.
Así
somos nosotros. Conocemos a Cristo un poquito, sabemos que nos ha dado todo lo
que somos: la vida, la familia, el cielo, la naturaleza... sabemos que nos ama
con locura, pero le ponemos condiciones y, si no nos lo concede pronto,
empezamos a quedarnos rezagados, nos sentamos en el camino viéndole pasar. Él
nos dice “¡Sígueme!”, pero nos solemos hacer los despistados, miramos para otro
lado... y, sin embargo, encontrarnos con Jesús es lo mejor que nos puede pasar.
Como a los discípulos de Emaús, Él nos da una nueva esperanza y la alegría de
vivir.
Hoy
el reto del amor es abrir los ojos del corazón y de tu rostro para que puedas
ver a Cristo que te invita a seguirle sin ponerle condiciones.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
