El
Papa se ha dirigido este sábado a los participantes en el curso de formación
para la protección del matrimonio y la atención pastoral de las parejas
heridas, organizado por la Rota Romana
Esta
mañana de otoño romano, el Papa Francisco en su discurso recordó los dos
elementos centrales que desarrolló el curso son: la protección del matrimonio y
la atención pastoral a las parejas heridas. Es fácil sentirse atraídos por el
segundo elemento, afirmó Francisco e insistió en que “las tipologías expuestas
no pueden ser tratadas con un enfoque meramente burocrático”. Más bien,
continuó: Se trata de entrar en la vida de las personas que sufren y tienen sed
de serenidad y de felicidad personal y de pareja”.
Las heridas en el
matrimonio
El
Papa subrayó que son muchas las causas que ocasionan heridas en el matrimonio:
“: psicológicas, físicas, ambientales, culturales; a veces son causadas por el
cierre del corazón humano al amor, por el pecado que nos toca a todos”. Y como
consecuencia, insistió: “estas causas cavan profundos y amargos surcos en el
corazón de las personas implicadas y heridas sangrantes” y ante ello la Iglesia
no puede “voltear su rostro hacia el otro lado”.
Solidaridad de la Iglesia
“Por
eso la Iglesia, cuando se encuentra con estas realidades de parejas heridas,
llora y sufre ante todo con ellas; se acerca con el aceite del consuelo, para
calmar y sanar; quiere cargar sobre sí misma el dolor que encuentra”, afirmó
Francisco.
Refiriéndose
a los procedimientos jurisprudenciales afirmó: “la Iglesia busca siempre el
bien de los heridos, busca la verdad de su amor; no tiene otra cosa que
sostener su felicidad justa y deseada, que, antes de ser un bien personal al
que todos aspiramos humanamente, es un don que Dios reserva para sus hijos y
que viene de Él”. Para atender los diferentes casos que se presentan, las
partes implicadas “deben confiarse en primer lugar al Espíritu Santo para que,
guiados por Él, puedan escuchar con los criterios correctos, ser capaces de
examinar, discernir y juzgar”.
Esposos, pilares de la
Iglesia doméstica
“En
el Nuevo Testamento el matrimonio cristiano se vive como un camino de fe, como
la unión íntima de los esposos que son los "pilares" de la Iglesia
doméstica”, afirmó Francisco, quien luego prosiguió: “De este camino en
el Espíritu, de su luz que calienta y satisface el corazón humano, nace ese
precioso e indispensable ministerio de los esposos en la Iglesia, cada vez más
necesario hoy en nuestras comunidades parroquiales y diocesanas”.
No improvisar el
sacramento del matrimonio
“Este
Sacramento no puede ser improvisado”, afirmó el Papa. “Hay que prepararse como
novios. No basta con que los novios cristianos se preparen para el matrimonio
logrando una buena integración psicológica, afectiva, relacional y
planificadora, necesaria también para la estabilidad de su futura unión.
También deben alimentar y aumentar progresivamente en sí mismos esa llamada
específica a modelarse como esposos cristianos”.
Esta
preocupación, recuerda el Papa, ya está presente en Concilio Vaticano II, el
Magisterio de la Iglesia y en la Palabra de Dios, que subrayan el objetivo
apostólico y misionero inherente al Sacramento del matrimonio: “Y es mirando
este horizonte que los novios pueden crecer, nutriéndose de la oración, de la
Eucaristía y de la Reconciliación, de la preocupación sincera por los demás, de
la dedicación a los hermanos que encuentran”.
Para
ilustrar este hecho, el Papa hace memoria de Aquila y Priscila, amigos y
colaboradores de San Pablo, “quienes son un bello ejemplo de esta vocación al
apostolado conyugal”.
Los esposos, testigos del
Evangelio
El
Papa subraya la importancia de los esposos en la vida de las iglesias locales:
“La Iglesia, en su estructura parroquial, es concretamente una comunidad de
familias, llamadas a ser, como Aquila y Priscila, testigos del Evangelio en ese
territorio. Es el Espíritu Santo quien hace esta sinergia, y por tanto el
Espíritu debe ser invocado, también para este proceso apostólico, que no es
fácil, pero no imposible. Animo a los pastores, obispos y sacerdotes a
promover, apoyar y acompañar este proceso, para que la Iglesia se renueve,
convirtiéndose cada vez más en una red capilar de comunidades de familias que
son testigos y misioneros del Evangelio”.
Francisco
finalizó su discurso, bendiciendo a los presentes y pidiéndoles orar por él.
Manuel
Cubías – Ciudad del Vaticano
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