Pura
lógica
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estoy
en shock. Totalmente. No sé cómo tomarme esto...
He
comenzado a leer un libro muy interesante que me recomendó nuestro sacerdote.
Es de vida espiritual y discernimiento, y, desde las primeras páginas, me
cautivó esa forma de escribir, capaz de mezclar lo más sublime con anécdotas
interesantes.
Pues
bien, explica que, al acabar el capítulo, va a proponer un ejercicio práctico.
Vamos a ver... Si se trata de un libro de espiritualidad, ¿cuál crees que puede
ser el ejercicio del primer capítulo?
Te
aseguro que no lo adivinarías ni aunque te dé mil oportunidades. Yo pensaba que
sería buscar un rato de oración, o meditar un texto, o... Pues no, nada de eso.
El ejercicio es... ordenar tu habitación.
No
sabía cómo puede sentirse Jubi cuando la pillo “in fraganti” tratando de
rebuscar en la basura. Ahora ya lo sé.
Al
instante me salió la autodefensa: “¿¿Y qué tiene que ver lo uno con lo otro??”
Se
ve que mi reacción debe de ser muy habitual, pues, a renglón seguido, el autor
pasaba a explicar, con mucha guasa, que “hay quien está muy dispuesto a ordenar
la sociedad o la Iglesia, pero para encontrar algo en su habitación se requiere
un zahorí”.
Ya
más serio, explica que, para llegar a lo sublime, es necesario empezar por lo
sencillo, lo cercano. Aceptar la humildad de hacer un camino “a paso lento”. Y,
para ello, nada mejor que comenzar amando la realidad que el Señor pone en
nuestras manos.
Al
principio refunfuñé un poco. Pero, un instante después, me di cuenta de que
tenía razón. Más aún, ¡era maravilloso!
Lety
siempre dice que, para que tu cristianismo funcione, debe impregnar todo tu
día, no quedarse encerrado en determinados momentos de la semana. ¡Cristo
quiere acompañarte en todo momento! Y así, hasta ordenar la habitación, ¡se
convierte en un acto de amor a Él!
Jesús
quiere participar en la elaboración de la lista de la compra, quiere
acompañarte en ese paseo que das... De este modo, cada instante es en realidad
una oportunidad de descubrirLe, de conocer más de Su amor.
Y,
ahora sí, ¿adivinas qué hice esa tarde? Seguro que has acertado a la primera...
Hoy
el reto del amor es amar tu realidad. Te invito a que hoy... ¡ordenes tu
habitación! (no voy a ser yo la única). Descubre tu casa como el lugar que el
Señor quiere para ti, el espacio en el que quiere hacer historia contigo. Y, si
el Señor quiere este espacio, si te lo regala como un don, ¡la mejor manera de
agradecerlo es cuidarlo! Descúbrelo como un lugar de encuentro. Y, si en tu
habitación reina el orden, ¡amplia horizonte! ¿Qué tal el armario de la cocina
o del baño? Haz del espacio que te regala el Señor un lugar agradable. ¡Feliz
día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
