Mons.
Sigitas Tamkevicius, Arzobispo de Kaunas, Lituania, es uno de los nuevos
Cardenales que se crearán en el consistorio de este sábado 5 de octubre
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| Mons. Sigitas Tamkevicius. Crédito: Andrea Gagliarducci / ACI Stampa |
Su juventud estuvo marcada por los 10 años
que pasó en un campo de trabajos forzados de la KGB en Siberia durante el
período soviético. Entonces era un joven sacerdote jesuita que no estaba
dispuesto a callar ante las injusticias del comunismo.
En declaraciones recogidas por EWTN y ACI
Prensa, Mons. Tamkevicius explicó que obtenía las fuerzas para superar la
prisión de la oración y de la Misa, que celebraba con mucha frecuencia a
escondidas.
“Durante mis años de prisión el apoyo
central para mí fue mi fe, que mantuve viva rezando mucho. Sólo podía celebrar
la Misa a escondidas. Celebrará la Eucaristía con asiduidad y era para mí una
fuerza enorme en prisión”.
Para conseguir el pan y el vino recurría a los “tickets” de comida que les
daban. “En este ticket entraba tanto el pan, que podía pedirlo ácimo, como la
uva seca. Con esa uva seca yo hacía el vino”.
La fuerza que le daba la Eucaristía era tan
grande que llamaba la atención de los otros prisioneros. “Me decían: ‘Para ti
es más fácil porque tienes fe, porque puedes decir Misa y eso te hace más
fuerte que nosotros’”.
En sus declaraciones, insistió en lo inesperado
de este nombramiento. “Cuando servía como sacerdote en los años soviéticos yo
ya sabía y me esperaba que me podían llevar a prisión. En cambio, ahora, no me
esperaba esta noticia que ha llegado de esta manera tan repentina”.
Subrayó que el nombramiento como Cardenal
no es un regalo del Papa a él, sino que el Santo Padre “ha dirigido su mirada a
toda la Iglesia que ha sufrido en los años soviéticos”.
También mostró su sintonía con el Papa
Francisco sobre la importancia de la dimensión del martirio, porque “si un
creyente no está dispuesto a sufrir por su fe, entonces es un creyente muy
débil. Nuestra Iglesia local puede dar un buen ejemplo a toda la Iglesia porque
durante los 50 años de comunismo hemos custodiado nuestra fe”.
Asimismo, destacó que los años de persecución durante el régimen comunista y la
ocupación soviética sirvieron para estrechar las relaciones ecuménicas entre
católicos y ortodoxos. “Cuando estábamos en el campo de trabajos forzados nos
sentábamos a la misma mesa y comíamos del mismo plato”.
Por último, recordó emocionado, cómo la
Virgen supuso un importante apoyo durante sus años de prisión. “Cuando me
condenaron y me encontraba en el tren hacia el campo de trabajos forzados, y
durante los 10 años de prisión en Siberia, me puse en manos de la Virgen”.
De hecho, “cuando regresé de Siberia, nada
más bajar del tren, acudí al momento a la capilla de la Virgen de la Puerta de
la Aurora en Vilnius. Allí celebré la Misa, di gracias al Señor y también a la
Virgen”.
POR MIGUEL PÉREZ
PICHEL
Fuente: ACI
