Fuera
de lugar
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Al
caer la noche, íbamos dando un paseo con Jubi. Ella se adelantó y, desde lejos,
vimos entre sus patas algo que se movía. Es normal que en la huerta haya
ratoncitos de campo, pero lo que no es normal es que paseen a sus anchas entre
las patas de Jubi. Y, si no, basta con decirle “¡Jubi, un ratón!”, que se pone
a buscar como loca por todos los sitios.
Pero
esta vez era diferente. Jubi no reaccionaba, y el animalito seguía moviéndose.
Nos íbamos acercando y se movía mucho y diferente, el tamaño era mucho más
grande... oh, oh... ¡era un sapo!
¿Un
sapo en la huerta? ¡Tenías que ver la cara de Israel al descubrirlo! Hay muchos
animales, pero nunca habíamos visto un sapo, y lo primero que pensamos es que
estaba “fuera de lugar”. No tenemos río, charcas, lagos ni lugares húmedos... y
la huerta está rodeada por un muro por el que no conseguiría jamás saltar.
Seguro que una cigüeña se lo había dejado caer.
Estaba
fuera de lugar porque no podía acceder al agua que necesita. Qué bueno es
moverse en distintos ambientes, dar testimonio de fe con gestos y palabras a
los que nos rodean pero... siempre con el agua cerca, sin perder de vista que
necesitamos a Cristo para sobrevivir. Que lo que hagas no te deje seco.
Porque
muchas veces no podemos decir que somos cristianos, pero sí podemos tener
gestos o actitudes que hablan de algo diferente, que expresan en lo que
creemos; no es necesaria la palabra para dar testimonio. Para ello, no podemos
perder de vista el agua que nos da la vida.
Hoy
el reto del amor es dar testimonio con un gesto en ese sitio donde te sientes
fuera de lugar.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
