Las sensibilidades castiza
y andaluza han aprendido a caminar juntas en Madrid, una ciudad mestiza hasta
para vivir los Santos Oficios
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| Foto: Archimadrid/José Luis Bonaño |
Madrid alberga dos grandes sensibilidades cofrades. Por un lado, la
histórica tradición castiza que ha acompañado a la ciudad durante siglos.
Por otro, la tradición andaluza que se instaló en la capital durante la
migración interior del siglo XX. Aunque cada una tiene su manera particular de
vivir la Pasión, ambas han aprendido a caminar juntas.
Juan Venegas apenas tenía 25 años cuando, a finales
de los 80, organizó una procesión con el Cristo de la madrileña basílica de San
Miguel junto a otros sevillanos como él. «Ese fue el aldabonazo para nuestra
incorporación a la Semana Santa», cuenta. Después, «con mucha humildad y las
donaciones de gente muy generosa», fundaron la Hermandad de los Estudiantes de
Madrid. Una cofradía con el mismo nombre que la hermandad sevillana en la que
él y sus compañeros habían procesionado durante su juventud.
Desde entonces, la tradición andaluza ha calado
cada vez más en la capital, «lo que ha logrado hacer más grande aún la semana
Santa de Madrid», opina Álex Suárez, promotor sacramental de la Hermandad de
los Gitanos de Madrid. Su caso es curioso, pues ni siquiera es andaluz. Suárez
nació en un pequeño pueblo de Ávila y vive en Madrid desde niño. Sin embargo,
la espiritualidad castellana de sus padres no le es obstáculo para vivir la
Semana Santa en una hermandad de origen sevillano. «Nuestros fundadores eran
miembros de la Hermandad de los Gitanos de Sevilla que, al emigrar a la
capital, echaban de menos su cofradía y fundaron la Hermandad de los Gitanos de
Madrid», explica.
Tras los pasos
de Jesús de Medinaceli
Aunque la Hermandad de los Estudiantes y la de los
Gitanos parezcan andaluzas por sus advocaciones y su manera de andar los pasos,
con el tiempo se han convertido en dos hermandades madrileñas más. Así,
conviven con otras cofradías castizas cuyos orígenes se remontan a 1710, como
la Archicofradía de Jesús de Medinaceli, que precisamente celebraba su gran
fiesta el pasado viernes.
Influido por la tradición castellana de su familia,
Álex Suárez recuerda el besapiés de este Cristo con emoción. «Medinaceli no es
solamente una señal muy importante en Madrid sino también de España y es una de
las grandes devociones», cuenta. Como otros miles de madrileños que hicieron
cola durante días, estuvo en la basílica de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli
el primer viernes de marzo para renovar su devoción. Recogía así el testigo de
sus padres, quienes, cuando tenía unos pocos días, le presentaron al Cristo.
Él, al igual que Madrid, lleva un trocito de Castilla y otro de Andalucía en su
corazón.
Puentes entre
hermandades
Existen pequeñas diferencias en la forma de hacer
las procesiones entre las hermandades de inspiración castiza y las andaluzas.
Por ejemplo, las madrileñas acostumbran a llevar los pasos en carrozas con
ruedas o en andas, unas estructuras relativamente pequeñas y sin patas. En
cambio, las hermandades andaluzas suelen servirse de costaleros. No obstante,
estos matices no son motivo de división. Como recalca Juan Venegas, el hermano
mayor de la Hermandad de los Estudiantes, en las cofradías «hay gente de
orígenes muy diferentes, y no se puede decir que una hermandad sea enteramente
andaluza o castellana. Tienen un torrente de influencias».
Las sensibilidades castiza y andaluza han aprendido
a caminar juntas en Madrid, una ciudad mestiza hasta para vivir los Santos
Oficios. Prueba de ello es, por ejemplo, la excelente relación entre la
Hermandad de los Gitanos y la madrileña Hermandad de los Siete Dolores. «Las
cofradías tenemos que ayudarnos entre nosotras porque Madrid es grande y
alberga muchas cosas diferentes y enriquecedoras», opina Cristina Navazo,
hermana mayor de esta última. No son palabras vacías. Los acólitos de la
Hermandad de los Gitanos son hermanos de honor de la cofradía castiza y cada
Miércoles Santo ambas procesionan juntas.
Una colaboración que no solo sucede en territorio
madrileño. Las hermandades de origen andaluz también se ayudan entre sí, aunque
rindan tributo a sus advocaciones a cientos de kilómetros de distancia. La
Hermandad de los Estudiantes de Madrid lo sabe muy bien y no tiene más que
echar la vista atrás para comprobarlo. En 2013, esta cofradía sufrió el robo de
86 candelabros de alpaca con los que rendían tributo a la Virgen. Por suerte,
el día siguiente al hurto, Juan Venegas, el hermano mayor de esta cofradía
recibió una llamada de su homólogo en la Hermandad de la Macarena de Sevilla.
«Me contó que tenían una candelería antigua en plata maciza y que estaba a
nuestra disposición para salir en Semana Santa», recuerda agradecido.
Caridad y
evangelización
La reciente incorporación de las hermandades de
origen andaluz ha revitalizado en gran medida la Semana Santa madrileña y,
según Álex Suárez, cada año crece la expectación por ver las procesiones. Sin
embargo, este hermano no se duerme en los laureles y es consciente de que es la
caridad lo que mueve a las cofradías. «No es solamente es salir a la calle el
Miércoles Santo. El verdadero fin es trabajar por los demás», aclara. Por ese
motivo, la Hermandad de los Gitanos persevera en su labor social. «Venimos de
Andalucía y nuestra opción de caridad está enfocada al pueblo gitano. Por eso
colaboramos con la pastoral gitana de la diócesis», cuenta Suárez.
Pero, independientemente de su origen, la mayor
aspiración de las hermandades de Madrid es evangelizar a sus visitantes. «El
sustrato común que tenemos es una tarea muy trascendente: hacer una pequeña
catequesis con la gente en la calle», opina Juan Venegas.
Coincide con él Cristina Navazo, quien insiste en
la importancia de vivir los Santos Oficios con la mayor austeridad posible y
sin perder de vista sus orígenes. «La Semana Santa te invita al recogimiento y
a acompañar a la Virgen. No estamos celebrando nada sino conmemorando lo que
sucedió. Ayudamos a pasar el dolor a la Virgen y al Señor», recalca. Una labor
que las diferentes hermandades se toman muy en serio. Gracias a la mezcla de
diferentes tradiciones y sensibilidades, la Semana Santa de Madrid emociona a
más gente cada año y, cuando hay suerte, logra alguna conversión.
Rodrigo Moreno Quicios
Fuente: Alfa y
Omega
