“Todos
tenemos defectos: todos. Y debemos ser conscientes, y antes de condenar a otros
debemos mirar dentro de nosotros mismos.”
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| El Papa Francisco asomado desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano. (ANSA) |
El
Papa Francisco exhorta a tomar el ejemplo de Jesús como guía a seguir, a ser
conscientes de nuestras faltas, no solo de las ajenas y a discernir siempre el
camino correcto a seguir para guiar a las personas, concretamente a aquellos
que tienen un papel de liderazgo.
"El
discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje será
como su maestro". Con esta expresión, el Papa Francisco ha invitado a
seguir el ejemplo de Jesús y su enseñanza para ser guías seguros y sabios, a la
hora de la oración mariana del Ángelus.
Ser conscientes de nuestro
rol para guiar sabiamente
El
pasaje del Evangelio de hoy presenta breves parábolas con las que Jesús quiere
mostrar a sus discípulos el camino para vivir sabiamente, de hecho – dice el
Papa – “con la pregunta: "¿Puede un ciego guiar a otro ciego?",
quiere subrayar que el guía no puede ser ciego, sino que debe ver bien, es
decir, debe poseer sabiduría; de lo contrario, corre el riesgo de perjudicar a
las personas que se confían a él”. Francisco además asegura que es de esta
manera que Jesús “llama la atención de quienes tienen responsabilidades
educativas o de liderazgo” exhortándolos a ser conscientes de su delicado papel
y a discernir siempre el camino correcto a seguir, para guiar a las personas.
Admitir nuestros propios
errores, no solo los ajenos
Otra
frase significativa del pasaje de hoy es: "¿Por qué te fijas en la paja
que está en el ojo de tu hermano y no ves la viga que llevas en el tuyo? la
cual – dice el Papa – nos exhorta a no ser presuntuosos e hipócritas: “muchas
veces, todos lo sabemos, es más fácil o más cómodo ver y condenar las faltas y
pecados de los demás, sin poder ver los propios con la misma lucidez”,
subrayando que siempre escondemos nuestros defectos, “incluso los escondemos a
nosotros mismos”.
Ante
esta actitud, el Papa señala que existe la tentación de ser indulgente con uno
mismo, por eso – puntualiza – “mientras observamos y corregimos las faltas de
nuestro prójimo, también debemos ser conscientes de que nosotros tenemos
faltas”, de hecho, continúa, “si creo que no las tengo, no puedo condenar o
corregir a los demás. Todos tenemos defectos: todos. Y debemos ser conscientes,
y antes de condenar a otros debemos mirar dentro de nosotros mismos”.
El chismorreo destruye
Por
último, el Papa Francisco ha citado cuando Jesús dice: "No hay árbol bueno
que produzca malos frutos, ni árbol malo que produzca buenos frutos", para
explicar que el que es bueno “saca de su corazón y de su boca lo bueno”, y el
que es malo “saca lo malo, haciendo el ejercicio más dañino: murmurar.”
El
chismorreo, hablar mal de los demás – dice el Papa – “destruye”: “destruye la
familia, destruye la escuela, destruye el lugar de trabajo, destruye el
vecindario...”. De hecho – afirma – “por la lengua comienzan las guerras”.
Antes
de concluir, Francisco ha pedido a los fieles presentes “pensar” en esta
enseñanza de Jesús y” tratar de corregir “- al menos un poco – ha
puntualizado – porque “nos hará bien a todos”.
Mireia
Bonilla – Ciudad del Vaticano
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