LA "EXTRAORDINARIA" HISTORIA DE LOLA Y PABLO, PADRES DE 6 HIJOS, TRES ADOPTADOS CON DISCAPACIDAD: "PARA MÍ ES LO NORMAL"

Pepe y Bubi, con síndrome de Down, y Merifree, con parálisis cerebral, son los hermanos de Teresa, Roque y Juan.

La casa de
Pablo y Lola junto a sus seis hijos | Libertad Digital.
Dominio público
Lola Sánchez y Pablo García
suena a "eternamente disfrutones".

Este matrimonio de madrileños, casados desde hace 25 años, son el pilar de una familia numerosa de seis hijos: tres biológicos y tres adoptados con discapacidad. Teresa, Pepe, Roque, Juan, Bubi y Merifree. Si hubiera que definir una cualidad de cada uno, su madre diría "autenticidad, bondad, viva la vida, simpatía, fortaleza y cariño", respectivamente.

Lola y Pablo se conocieron a los 18 años. Para Lola, Pablo fue "un ángel que Dios puso" en un momento en el que "iba derechita a perderme". El concepto de formar una familia numerosa no estuvo siempre igual de presente para ambos. Más bien, Pablo acabó sumándose al "proyecto" de Lola, que terminó siendo "un proyecto común". "Desde que nos casamos, estamos abiertos a la vida", resume él.

A los dos meses de casarse, Lola se quedó embarazada de Teresa, la mayor de los seis hermanos. Hoy tiene 19 años. "Teresa era el proyecto, el plan A, la línea que yo me había planteado", recuerda su madre. Sin embargo, tras su nacimiento, el matrimonio atraviesa cinco años sin poder tener hijos, un periodo que Pablo describe de "un sufrimiento muy grande".

En conversación con Libertad Digital, relatan que en ese tiempo las palabras de una catequista hicieron "poso" en Lola. "Me dijo, ¿a ti qué te pasa? Estás amargada. A ti lo que te pasa es que quieres ser la madre de hijos perfectos. A lo mejor Dios te llama a ser la madre de los que nadie quiere", recuerda.

A partir de ahí, ella empezó a informarse sobre la adopción de niños con necesidades especiales y llegó incluso a dejar folletos por casa, algo que al principio Pablo no vio claro por los "prejuicios", reconoce. Sin embargo, juntos, finalmente tomaron la decisión de adoptar.

"Desde el momento que cogí a Pepe me sentí el verdadero fracaso de la sociedad, me lo estaba perdiendo. Sentí que se cayeron todas mis capas y todas mis proyecciones del corazón. Él nos vino a traer normalidad y sencillez", confiesa Pablo. Pepe es el segundo de sus seis hijos. Le adoptaron cuando tenía cuatro meses y tiene síndrome de Down. "Con él para mí ya se había acabado el proyecto, Pepe cumplió todas las expectativas de mi vida", afirma Lola.

Pese a ello, la familia volvió a crecer. Al mes y medio de la llegada de Pepe, Lola se quedó embarazada y nació Juan. "Ahí ya sí que no puedes sacar a Dios de la ecuación. Fue el sello de mi fe en la vida. Me habló ahí claramente y me dijo: deja tus planes, que los míos existen y son mucho mejores", añade.

A los dos años del nacimiento de Juan, el matrimonio volvía a plantearse la adopción cuando Lola se queda embarazada de Roque, que hoy tiene nueve años. A los seis meses de su nacimiento, de nuevo Lola se queda embarazada, pero sufre un aborto.

Tras esa pérdida, Pablo explica que sintió de nuevo la necesidad de retomar la adopción "para terminar lo que empezamos antes de Roque". "Yo en ese momento le digo a Lola: es fácil abortar a aquellos hijos que vienen del corazón, porque no estás matando a nadie, pero estás diciendo que no a algo que está ahí", señala. Finalmente entregan los papeles.

Lola reconoce que en ese momento le entró miedo porque sentía que "Dios me iba a dar una vuelta de tuerca y que esto no iba a ser como Pepe". Aún así, acaban adoptando a Bubi, una niña con síndrome de Down y múltiples patologías asociadas, entre ellas un botón gástrico. "Tiene 28 cosas más, pero es una tía normal… lo que más me da rabia es que no coma", explica Lola.

A Bubi la adoptaron con once meses. Con ella, el mayor aprendizaje de la familia ha sido "vivir el presente". "Casi se muere en octubre de 2024, yo vi cómo la reanimaron y después de eso me ha hecho clic la cabeza y no miro más allá de mañana", responde Lola.

La última en llegar hace apenas un año ha sido Merifree, así la llaman en casa, tiene parálisis cerebral. La adoptaron con dos años en un proceso con el que, reconoce Lola, "sí que hemos sufrido más". "Ya viene con una mochila y una educación diferente. Antes cuando la regañaba me sentía mal. Pero es una hija y es una hija. Todos están educados igual y con normalidad", dice su madre.

Desde hace un año, además, Lola ha abierto una ventana a esta vida cotidiana a través de un perfil de Instagram con el nombre "abrazando el plan B". La cuenta supera ya los 100.000 seguidores. Esa exposición de su día a día les ha traído en su mayoría apoyo, pero también opiniones sobre cómo educar a sus hijos.

"Toda esta gente que juzga seguramente no tiene hijos porque no se quieren complicar la vida. Que se la compliquen. Me da mucha pena que la gente esté tan ciega. Dejemos de hablar de inclusión y hablemos de normalidad", responde Pablo.

Lola coincide en esa idea. "Más de un hijo o dos es que ya viene muy mal porque requiere una dedicación y un salir de mí mismo que el mundo no quiere hoy en día. Entonces es súper coherente decir que yo a mis hijos les estoy quitando su libertad o les estoy hipotecando la vida, otra cosa es que yo pienso totalmente distinto. Yo a mis hijos les estoy dando una posibilidad de ser felices del quince, porque mi familia es riquísima en muchísimas cosas y eso la gente lo desconoce. Si lo vivieran probablemente pensarían distinto", sentencia.

También rechaza el tono con el que a veces se les mira desde fuera: "Estoy hasta el moño del término heroicidad. Yo entiendo que a la gente le parezca eso, pero a mí me parece que mi familia es así y punto. Lo que la gente ve extraordinario para mí es lo normal".

El pasado 15 de mayo, Lola recibió un premio de la Comunidad de Madrid en la categoría de Implicación Familiar. Fue Pablo quien presentó su candidatura convencido de que lo ganaría.

Marta González-Madiedo

Fuente: Libertad Digital