Las
semillas crecen solas
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Una
hermana me ofreció unas semillas de alhelíes que había recogido de sus flores,
ya maduras, el año pasado. Yo las guardaba y esperaba a que pasaran estos fríos
tan duros y comenzara algo la primavera y el calor. Estos días, aunque aún
sigue el frío, la temperatura ha subido, y el sol parece animar toda la
creación. Así que me dispuse a plantar mis semillitas.
Preparé
mis tiestos y la tierra y, antes de meterlas al amparo del humus, pregunté a la
hermana: “¿Las meto un poco profundas para que arraiguen bien?” y me contestó:
“¡¡Oh no, no, se echan superficialmente y se cubren con un poco de tierra por
encima!!…” A mí me pareció que de esta forma se me iban a perder, al echarles
el agua y al darles el sol, sin protección alguna… Pero hice caso y las planté
como me dijo. ¡Tengo que confesar que no tenía mucha fe en el resultado!…
¡Pero,
oh maravilla, no han pasado muchos días y ya hay brotes verdes que están
apuntando!... Allí crecerán y se harán unas matas bonitas de alhelíes, que
lucirán en las ventanas y nos alegrarán a todas al verlas…
Enseguida
que viví esta anécdota, supe que, detrás de todo esto, el Señor me quería decir
algo:
Lo
primero, y muy importante, es no fiarme de mis evidencias, sino de la palabra
de una hermana, que tiene más experiencia en estas plantas…
Y
después, en la forma de plantarlas, porque las semillas tienen vida, y
requiere, cada una, una forma especial de tratarla…
Y
pensé en la oración: ¡Cuántas veces al hablar de Jesús, con mis palabras
abundantes y persuasivas, quiero entrar en lo hondo del hermano, y todo para
darle algo muy bueno!... ¡Cuando la palabra sencilla y breve, que lleva Amor y
Verdad, no necesito “empujarla” en su corazón, sino que, sembrada con suavidad
y en la superficie, “como de pasada”, al cabo del tiempo de Dios, da fruto, y
el Amor y el Bien y la Belleza se multiplicarán en su vida!… ¡Qué bueno es
esto!...
Hoy
el reto del amor es ofrecer suavemente la Palabra de Dios, (¡que es lo más
valioso!, porque Jesús dijo: “Yo soy la Vida…)” y encomendarle a Él el hacerla
germinar en el que la escucha…
VIVE
DE CRISTO
