El
remolquillo
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Tenemos
a Antonio que nos hace unos servicios insustituibles en el convento. Nos
arregla lo que se estropea, ya sean las gomas de regar, un grifo, cosas
sencillas de albañilería y, sobre todo, en el otoño, nos poda los árboles y los
sanea, porque entiende mucho de esto… ¡y de todo! ¡Es de gran valor en el
monasterio y además siempre está alegre y sonriendo!
Antonio
tiene algo que me parece muy curioso: posee un “remolquillo”. En sí, es algo
muy sencillo, como un cajón grande de láminas de metal, con cuatro ruedas
pequeñas y un enganche para unirlo al coche… ¡Pero es su tesoro!
Cuando
habla de su “remolquillo”, se le iluminan los ojos y lo hace con un cariño y
una ternura que sorprende. Le sirve de mucho: allí carga los desechos de
plástico, papeles, vidrio, aparatos estropeados (un microondas o lavadora)
etc., etc... ¡y hasta un colchón viejo! Y, sobre todo, carga los troncos
grandes que recoge en el río para partirlos después y usarlos para calentarnos
en la gloria.
Diréis:
¿y qué es eso de la gloria? Ya lo explicó, creo, Sión, en uno de sus retos: es
un método de calentamiento del suelo de la habitación, que tiene una cámara
debajo del mismo donde se quema leña, papeles, etc. Cuando Antonio trae los
troncos en su remolquillo, se siente muy orgulloso y dice: “¡Solo he tenido que
cargarlos...!”
Pero,
en todo esto, me ha venido en la oración el que nosotros tenemos un
“remolquillo”, que no se puede comparar al de Antonio: Jesús es nuestro
“remolquillo sagrado y divino...” ¿No dijo Él: “Venid a mí, los que estáis
cansados y agobiados y yo os aliviaré”? Pues Jesús carga sobre Sí todo aquello
que la vida nos va echando: nuestras penas, agobios, pesos a veces
insoportables, también nuestras alegrías y tristezas y nuestros deseos, puestos
ante el Señor y que parece que no son escuchados… ¡y muchos son los deseos de
Dios sobre mí y sobre los que amo!...
El
corazón de Jesús es como un remolquillo en donde cabe todo lo mío, y queda
transformado en amor, en alegría y sonrisa… ¡Al igual que el gozo de Antonio,
con su trabajo y su remolquillo!
Jesús
se ha hecho un hombre cualquiera, muy sencillo y asequible, al alcance de la
vida y del corazón de todos nosotros, que tanto Le necesitamos en el día a día…
Hoy
el reto del amor es tomar “mi remolquillo”, tomar a Jesús, y poner en Él todo
lo que en este momento más me preocupa… Él me ama y lo transformará todo en más
Amor para mí y en bendición para mis seres queridos…
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
