El
amor es servicial
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Hay
una hermana en el monasterio que me tiene impresionada, pues siempre la veo
sirviendo: sirve a las mayores, a las jóvenes, al que se acerca al monasterio,
al teléfono... siempre que la llaman, acude al instante y con una sonrisa. Si
tuviera que decir algo que la caracterice, diría que es el servicio a los
demás.
Observándola
me he dado cuenta de que, en su servicio, no te da lo que ella cree que es
bueno, te da lo que necesitas. Y, cuando no está ayudando a alguien, ¿sabes
dónde es fácil encontrarla? Sentada en la capilla, con la mirada fija en el
Sagrario.
Pensando
en esto, fui a mirar el calendario y me quedé sorprendida, porque este mes de
febrero es “El amor es servicial”.
Para
poder servir de corazón, lo primero que tenemos que hacer es dejarnos servir
por el Señor. En la Última Cena, Jesús se ciñó la toalla, lavó los pies a los
discípulos (¡Judas incluido!) y, después, les dijo que ya estaban capacitados
para servir. Lo primero y más difícil es dejarnos servir, sentirnos amados en
nuestra debilidad.
En
tus fuerzas no puedes servir a los demás: sería voluntarismo, y acabaría en dos
días, porque, en realidad, te estarías sirviendo a ti mismo.
Lo
que hay que buscar en el servicio es el bien del otro, no lo que yo creo que es
lo mejor, sino lo que es mejor para el otro. La misericordia nace de un corazón
misericordioso, un corazón transformado por Cristo.
Servir
es amar. Y el deseo de servir es una de las características del amor.
Hoy
el reto del amor es servir, pero, para ello, primero déjate servir por Jesús:
para con Él cinco minutos en una iglesia y pregúntaLe a qué persona le tienes
que regalar tu servicio. A lo largo del día, haz lo que Jesús haya puesto en tu
corazón. Cuando estás con Cristo, Él te capacita para amar sirviendo.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
