Subiendo
de nivel
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Pues
sí, ¡he ascendido! El otro día, ¡sor Puri comenzó a enseñarme a usar la máquina
de coser!
El
aparato en cuestión goza ya de muchos años. Tiene un pequeño motor, un enorme
pedal de hierro y, para enhebrar el hilo, hay que hacer un recorrido que ni los
israelitas por el desierto...
-Pisa
suavemente el pedal -me indicó sor Puri.
Yo
no sé qué sensación se tendrá al pilotar un coche de Fórmula 1... ¡¡pero yo me
sentí con esa misma velocidad!! ¡Se me escapaba la tela!
-¡Mujer,
más suave! -me animaba sor Puri.
-¿Estás
segura de que esto no tiene marchas? Casi no le piso...
Mi
primera “línea recta” resultó más parecida a un camino de cabras en la montaña.
-Tienes
que acercar más las manos, sujetar la tela.
Me
posicioné de nuevo.
-Bueno,
tanto no -sonrió sor Puri- Si metes un dedo debajo de la aguja, te lo
atravesará de parte a parte.
-¡Ay,
lo que me faltaba! Resulta que coser es un deporte de riesgo...
Después
de varios intentos y muchos sudores, la línea recta fue mejorando
considerablemente. ¡Con lo fácil que parecía visto desde fuera!
Realmente,
solo cuando nos acercamos a una realidad distinta a la nuestra, podemos
conocerla de verdad. A distancia podemos juzgarla, valorarla, podemos imaginar
cómo lo haríamos nosotros... pero no tiene nada que ver a estar sentado “frente
a la máquina de coser”.
Por
eso, es maravilloso darse cuenta de lo mucho que nos ama el Señor. Él no se
contentó con vernos “a distancia”, desde su Cielo. Cristo, por puro amor, bajó
a nuestro suelo, se sentó en “nuestra máquina”, y experimentó todo lo que tú
experimentas. Y lo hizo para poder decirte “No sabes cuánto te entiendo”.
Cristo
ha reído como tú y como yo, ha llorado, ha sufrido, ha esperado... Es
maravilloso poder mostrarnos ante Él tal y como somos, ¡Él no va a asustarse!
El Señor te comprende y Él te mostrará el camino a seguir; no como quien da
consejos desde una nube... sino como quien ha pisado antes por ese mismo
camino.
Hoy
el reto del amor es que descubras una realidad distinta a la tuya. No hace
falta que viajes lejos, ¡la tienes a tu lado! En tu oración, pregúntale al
Señor quién necesita hoy de ti. Acércate a esa persona y siéntate en su
“máquina de coser”: haz con ella alguna de sus tareas o comparte alguna
actividad que le guste. Toca su realidad: descubrirás que el Señor te regala la
oportunidad de conocerla y amarla mejor, ¡de subir tú también de nivel! ¡Feliz
día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
