Un
joven comparte una experiencia que le cambió la vida
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Era “un joven normal” aunque “bastante
desordenado”, relata el chileno Patricio Burich en un
video-testimonio (ver al final), vibrante en detalles significativos, sobre
cómo fue sorprendido en forma “avasalladora” -cita- por un amor que lo noqueó
emocionalmente, desbordando su corazón al punto de cambiar sus creencias y
reorientar su vida de forma radical.
En
conversación con Portaluz -donde autorizó a
incorporar esos contenidos como fuente de este relato-, Patricio nos puntualizó
que fue el año 2006, con apenas 17 años, cuando conoció a quien cambiaría del
todo su vida…
Era
“medio vándalo”
Rememora que por entonces disfrutaba bailar reggaetón, llevando los
pantalones a mitad de cadera tal como era “la moda” y tres “aritos”, agrega, en
la oreja derecha.
Haciendo un
guiño al estilo narrativo y de humor stand up comedy, confidencia:
“Yo era un joven normal. Bueno, ahora también soy normal, pero en ese tiempo…
Robaba las chapitas de los autos, era medio vándalo; las regalaba para los
cumpleaños y así no tenía que gastar dinero. Era muy bueno para las fiestas… Me
gustaba mucho tomar una bebida cola con algo más (se refiere a alcohol), a veces
con mucho más e incluso a veces, sin bebida cola”.
Los estudios
tampoco los tomaba en serio y cuando habitualmente en los exámenes le
sorprendían, mirando lo que escribían sus compañeros próximos, para copiarles,
solía responder intentando relativizar la importancia del hecho, y con
humor. Pero todo estaba por cambiar.
La
fe de una madre
Patricio no era católico y, aunque le
resultaba aburrido en extremo, acudía a misa los domingos sólo porque “mi
mamá me llevaba obligado”, recuerda.
En uno de
esos domingos, a fines de 2006, aburrido como siempre en la misa, se sobresaltó
cuando el cura en la prédica exhortó a leer habitualmente la Biblia y para
habituarse, que era bueno tenerla cerca, “ojalá en el velador”.
Fue precisamente esta puntualización del sacerdote
lo que remeció a Patricio. “¡Guau! -me dije-, qué coincidencia, ¡brígido!
(n. del
e.: chilenismo, para resaltar que algo se considera impactante).
Yo esa misma semana, ordenando mi dormitorio,
había encontrado una Biblia en el estante -obviamente estaba llena de polvo,
nunca la había abierto- y de forma inconsciente la había dejado en mi velador”.
La
segunda coincidencia
Los siguientes días la Sagrada Escritura
permaneció en el mismo lugar y una noche en que no lograba conciliar el sueño,
Patricio, quien “nunca leía un libro ni para el colegio” tomó desde el velador
la Biblia, la abrió y se topó con la frase: “El Señor es mi pastor nada me puede faltar”.
Al domingo
siguiente cuando escuchó la misma frase al inicio del Salmo Responsorial,
coreada por los fieles durante la misa, no pudo evitar sentir que esto era ya
demasiada coincidencia y en su mente exclamó…
“¡Guau! ¿cómo es esto? Dos coincidencias en dos semanas, ¿qué está pasando
acá?”
Al finalizar
la misa aún algo confuso, mientras el sacerdote invitaba a los jóvenes para que
asistiesen a un encuentro el viernes siguiente después de misa, su madre no
paraba de insistirle en que participara.
“Y yo le respondía: «No mamá, no me voy a quedar.
Son puros pernos (n. del e.: chilenismo, para referirse a personas que se
considera aburridas), cero mi onda…”.
Pero la madre “insistió tanto” que Patricio, a
regañadientes, aceptó ir a esa misa y posterior encuentro de viernes, sólo.
Como era de esperar se sintió como pez fuera del agua. “No entendí nada de la
reunión. Hablaron de Dios y yo no tenía idea de nada”, recuerda.
Conversión
Dos días después, en la habitual misa del domingo
durante la homilía, el sacerdote animó a los fieles a combatir
las tentaciones que el demonio puede suscitar para lograr
que la persona deje de asistir a misa.
Exhortando no sólo a estar alerta y asistir a la
Eucaristía dominical, pidió que “para rematarle en la cabeza al demonio” acudieran
a misa también otro día de la semana.
Para Patricio
-que por primera vez había ido a misa el viernes y en este domingo- esas
palabras del cura le sonaron dichas sólo para él y entonces lo inesperado
ocurrió…
“En ese
momento -esto siempre me ha costado explicarlo-, yo, experimento
a Dios. Me emociono. Y tal como una persona cuando acerca
su mano al fuego se quema y experimenta el calor del fuego, yo en mi corazón
experimenté un fuego, una alegría, un gozo, un amor que jamás en la vida había
experimentado. Y ahí dije: «¡Este eres tú mi Dios, que está ahora en mi
corazón!»”.
Esa experiencia a mí me cambió la vida. Yo de
repente le decía al Señor: «Oye, cálmate, me vas a matar con tanto amor que
siento» ¡Porque es mucho amor! Yo experimenté un amor que no conocía. Ni el
amor de los amigos, de los padres; es otro nivel.
¿Cómo tanto amor de Dios por nosotros? ¿Qué hemos
hecho para que Dios nos ame de esa manera? ¿Qué hemos hecho?… porque es
demasiado.
A menudo no
lo vemos, pero somos importantes para Dios, somos preciosos a sus ojos y Él nos
ama con locura, nos ama con pasión. Es un amor que te emociona, que te transforma,
que te cambia totalmente la vida”.
El 11 de
agosto de 2018 en la catedral Metropolitana del arzobispado de Santiago de
Chile, tras completar la etapa formativa necesaria en el Seminario Pontificio
Mayor, Patricio Burich recibió el orden del diaconado.
Artículo publicado
originalmente por Portaluz
Fuente: Aleteia
