Nunca
tires la toalla
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ya
se acercan estos días tan especiales de la Navidad. Y la verdad es que a las
monjas también nos gusta tener detalles unas con otras. Así que, en previsión,
ayer me puse a intentar preparar una sorpresa para mis hermanas.
La
idea era pirograbar una imagen de María sobre unas tablas de madera. Me puse a
ello muy entusiasmada, y, con eso de la sorpresa, intenté poner todos los medios
para que nadie se percatara. Pero resultó que la “sorpresa” me la llevé yo.
Porque,
de pronto, todo comenzó a ir mal: la madera tenía muchas vetas, que me impedían
manejar bien la herramienta. Para ver si se arreglaba, cogí un grabador manual
(otra técnica que, en lugar de quemar, marca), y luego con las gubias intenté
trazar las líneas... ¡cada paso era peor que el anterior! ¡Uff, qué
frustración!
Abandonando
la tarea, me bajé cabizbaja a la capilla, pero por el camino me encontré con
Lety, que al vuelo notó que me sucedía algo, y me preguntó. Al final, dejando
atrás la sorpresa, se lo terminé compartiendo. Ella me pidió verlo, y se lo
enseñé...
-Pero
si está muy bonito. Lo único que te ha pasado es que no has tenido paciencia de
continuar con la misma técnica, de intentarlo hasta el final.
Y
me animó a volver a retomar el trabajo, a no tirar la toalla.
Me
dejó asombrada, porque era verdad. Después, en la oración recordaba una frase
que dice que ‘Cuando un niño está aprendiendo a andar y se cae 50 veces, nunca
se dice así mismo: “Esto no es para mí, nunca lo lograré”’. Y, sin embargo,
cuando somos mayores... ¿cuántas veces nos asalta la frustración, el pensar que
no podemos?
Pero
el Señor me regaló ver dónde estaba la clave. La clave para que un niño no se
rinda y aprenda a caminar es que no comienza a caminar solo, sino que se apoya
y se deja estimular por el apoyo de sus papás.
Esta
es la clave también de nuestras frustraciones: nunca vivirlas solos,
compartirlas con las personas que Cristo nos ha puesto para caminar, porque
ellos siempre nos pueden dar otra visión que nos ayudará a levantarnos y a
emprender de nuevo el camino.
Hoy
el reto del amor es no rendirse y compartir. No lo tragues solo, compártelo con
esa persona, dale la mano a Cristo y vuelve a intentarlo. Y recuerda que Cristo
te está entrenando, Él quiere capacitarte para que tú también puedas ser apoyo
para otros.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
