«Todos
los albergues del sur de México que acogen a los migrantes por encima de su
capacidad son de la Iglesia», explica la portavoz de ACNUR en América Latina
![]() |
| Foto: AFP/Johan Ordóñez |
Estos centros son también un lugar clave para detectar a personas
interesadas en solicitar asilo en México.
Francesca
Fontanini vive estos días siguiendo el día a día de la caravana de migrantes.
La portavoz en América Latina de ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Refugiados, está coordinando la respuesta simultánea de la
entidad en tres países: México, Honduras y Guatemala.
En primer
lugar, proporcionan asistencia humanitaria básica a los 1.700 migrantes que,
según datos oficiales, han pedido asilo en México. La legislación mexicana
prevé 45 días hábiles para que esta solicitud sea aceptada o rechazada. Mientas
su solicitud se tramita, los centroamericanos deben permanecer en el estado
donde se ha presentado la petición: de momento, Chiapas u Oaxaca. Allí reciben,
a través de ACNUR y otros socios, comida y agua, colchonetas, sábanas,
productos de higiene y para bebés, medicinas, etc.
Por otro lado,
colaboran con la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, perteneciente al
Gobierno, para tramitar y gestionar las solicitudes de asilo. «Con 3.000
solicitudes en dos semanas están desbordados, no tiene capacidad para
gestionarlo», explica Fontanini a Alfa y Omega. Las peticiones son
similares, porque «todos ellos huyen de la violencia, de la persecución, de
cosas que desgraciadamente están muy presentes en Honduras, Guatemala y El
Salvador como las extorsiones, los secuestros o las amenazas».
Algunos han
regresado
En esta labor
de ayuda a los migrantes, «la Iglesia es un socio clave –subraya la portavoz de
ACNUR–. Todos los albergues que en el sur de México están hospedando migrantes,
y por encima de su capacidad, son católicos. Por eso colaboramos estrechamente
con su personal, dándoles formación. En muchos casos son ellos los que nos
ayudan a identificar a gente que puede estar interesada en pedir asilo».
La de los 3.000
solicitantes de asilo en México es la única cifra que Fontanini conoce con
certeza. «El resto de datos no son precisos. Sabemos que parte de la caravana
ha regresado a Honduras por las dificultades del viaje. En Tapachula hemos
visto gente herida, traumatizada, desesperada, en condiciones muy precarias.
Hay madres solas con niños, personas que se han quedado sin medios económicos»
para sobrevivir durante el viaje. Algunos, ante esta perspectiva y ante la
posibilidad de sufrir abusos o caer en manos de traficantes durante el
trayecto, prefieren dar marcha atrás.
Un segundo
contingente de los migrantes que partieron con la caravana han vuelto a
Honduras a la fuerza, expulsados por las autoridades mexicanas. Por ello, otra
vertiente del trabajo de Fontanini y ACNUR se localiza en Honduras y Guatemala.
«Hemos aumentado el personal allí porque algunas de las personas que han sido
devueltas necesitan protección. Nosotros hacemos un seguimiento de estos casos,
investigamos la causa de su huida y si es necesario las reubicamos a otras
zonas del país o buscamos otras medidas para que su vida no corra peligro».
Futuro incierto
en Estados Unidos
La mayoría de
los migrantes no quiere solicitar asilo en suelo mexicano por desconocimiento y
por «miedo a que revelando sus datos personales puedan ser identificados por la
banda o la pandilla de la que huyen –explica esta activista–. Otros tienen
planeado llegar a Estados Unidos y solicitar protección allí».
Fontanini
estima que serán en torno a los 3.500 los que continúan rumbo a Estados Unidos,
donde les esperan 15.000 soldados armados y con orden de disparar si, por ejemplo,
se les lanzan piedras. El presidente Donald Trump, que el martes se enfrenta a
las decisivas elecciones de mitad de legislatura, ha anunciado también una
orden ejecutiva para endurecer el proceso de solicitud de asilo.
María Martínez
López
Fuente: Alfa y
Omega
