Me
ignora
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Y,
además, descaradamente. Lo peor de todo es que me afecta, y mucho. Y más ahora,
que anochece antes.
Resulta
que, hace unos años, renovaron la instalación de la luz del claustro. Es una
zona de mucho tránsito, ya que es el corazón del monasterio, así que pusieron
un sensor automático. Técnicamente es una maravilla, porque se enciende cuando
hay movimiento y se apaga solito, para ahorrar energía. Así dicho suena
fenomenal, el problema es que, en la práctica, lo de ahorrar se lo ha tomado
muy a pecho. Demasiado.
Últimamente
puedo cruzar el claustro entero sin que me detecte. ¡Y mira que me esfuerzo! A
veces me siento parte de la coreografía de “Cantando bajo la lluvia”; otras me
convierto en canguro... pero la oscuridad sigue cubriendo mi alrededor hasta
que pongo un pie en la puerta de salida, momento en que, ¡clin!, se enciende la
luz.
¡La
de cosas que hago para que me vea sin conseguirlo!
Ahora,
en la oración, me ha venido a la cabeza alguien a quien le pasó justo lo
contrario: ¡Zaqueo!
Él
también hizo cosas raras (¿a qué hombre adulto se le ocurre subirse a un árbol
como si fuese un chiquillo?) y todo porque esperaba ver... sin ser visto. Pero Jesús,
al pasar, alzó la vista. En realidad, ¡buscaba a Zaqueo, esperaba ese
encuentro!
Así
tantos otros que, sin ni siquiera esperar ser vistos, se encontraron la mirada
de Jesús fija en sus ojos. Y, entre ellos, ¡estamos tú y yo! Es maravilloso
saber que el Señor te mira con amor a cada instante, pero, ¿y nosotros? ¿A
quién nos parecemos: a Jesús... o al sensor del claustro?
Es
fácil sentir la tentación de ordenar el armario mientras hablas por teléfono, o
mirar disimuladamente el whatsapp en medio de esa conversación que se alarga...
¡es muy fácil! Y, sin embargo, el Señor nos invita a que regalemos nuestra
atención a esa persona, ¡sin esperar a que tenga que hacer cosas raras para que
le escuchemos de verdad!
Hoy
el reto del amor es mantener activo tu sensor. Te invito a que le pidas a Jesús
que te regale un corazón sensible como el Suyo, capaz de descubrir el más
pequeño movimiento, esa señal de que alguien te necesita. Y, cuando llegue,
¡enciende todas las luces de tu atención! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma