20 PALABRAS PARA MEDITAR LOS MISTERIOS DEL ROSARIO. 3er. MISTERIO DOLOROSO

3. La coronación de espinas

Espinas cual diadema en tu cabeza
Suciedades en tu rostro con vileza
Púrpura tu cuerpo envuelve y cubre
Inmensa la burla, mayor tu mansedumbre
No te ofenda más con mi mente y actitudes
Antes bien yo te agrade y te deslumbre
Siempre con amor y con virtudes.

Antes de morir Jesús sufrirá en todo su cuerpo y en toda su alma. El dolor físico desde los pies hasta la cabeza: ESPINAS cual diadema en tu cabeza. Pero hay un dolor más agudo que surge del más allá del rechazo, que es la burla... La burla, que en algunos casos puede ser inocente y amistosa, aquí se vuelve expresión de intemperancia, afán de dominio, inse­guridad, superficialidad y una total falta de empatía y compasión.

Ni siquiera odio... el odio vendrá después. La burla actual lleva a los verdugos a la ba­jeza de escupirle a Jesús en la cara y arrancarle su túnica ensangrentada para cubrir su cuerpo llagado con un manto de regio color: Suciedades en tu rostro con vileza. Púrpura tu cuerpo envuelve y cubre Jesús reza. Nunca ha dejado de rezar. Pero desde la noche anterior lo hace con intensidad. 

Mira en aquellas almas muy en el fondo todavía un poco de luz, aún no están condenadas, vale la pena sufrir, ninguna palabra ahora los puede sacar de su estado de fasci­nación ante la embriaguez del despotismo. Callar y sufrir, interceder por ellos. Inmensa la burla, mayor tu mansedumbre.

Es fácil señalar la falta de respeto y considera­ción que se aprecia en la escena ante el sufrimien­to redentor de nuestro Dios. ¿No es acaso una bur­la cuando no me alejo del pecado con seriedad, cuando no pongo “tierra” entre la tentación y yo? Esas heridas en tu divina cabeza ¿no son por ven­tura esos pensamientos no santos? Pensamiento no santo es naturalmente aquel que es pecado: se puede pecar con el pensamiento.

Pero también ofende a mi Señor el pensamiento ocioso, el pensamiento que duda de su amor y se dirige a buscar la felicidad y el recreo en banalidades, cuando no sé integrar mi entera existencia en un acto de alabanza a mi más grande Bienhechor. No te ofenda más con mi mente y actitudes.

¿Cómo puedo alejarme del pecado? Porque sé que cuento con la ayuda de tu gracia que sin ella nada, ni la existencia. ¿Qué puedo hacer yo, además de poner buenas disposiciones? Actos buenos. Con ellos conseguiré hábitos, virtudes que me aseguren junto con tu gracia el estar lejos del pecado y más aún de la actitud superficial de pensar que “no pasa nada” si peco.

Y así, estaré lejos del pecado, aunque siempre atento porque sigo siendo de barro (cfr. 2 Co 4, 7). Lejos del pecado —al menos en la intención— seré realmente libre para mostrarte mi amor. Sólo es libre quien ama, porque sé que realmente ese es el senti­do de mi vida, he sido creado para amar, y de cada ser humano esperas amor. Antes bien yo te agrade y te des­lumbre. Siempre con amor y con virtudes. 

Con permiso del autor: Juan Pablo Lira

Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario