3. La coronación de espinas
Espinas cual diadema en
tu cabeza
Suciedades en tu rostro
con vileza
Púrpura tu cuerpo
envuelve y cubre
Inmensa la burla, mayor
tu mansedumbre
No te ofenda más con mi
mente y actitudes
Antes bien yo te agrade
y te deslumbre
Siempre con amor y con
virtudes.
Antes de morir Jesús
sufrirá en todo su cuerpo y en toda su alma. El dolor físico desde los pies
hasta la cabeza: ESPINAS cual diadema en tu cabeza. Pero hay un dolor más agudo
que surge del más allá del rechazo, que es la burla... La burla, que en algunos
casos puede ser inocente y amistosa, aquí se vuelve expresión de intemperancia,
afán de dominio, inseguridad, superficialidad y una total falta de empatía y
compasión.
Ni siquiera odio... el
odio vendrá después. La burla actual lleva a los verdugos a la bajeza de
escupirle a Jesús en la cara y arrancarle su túnica ensangrentada para cubrir
su cuerpo llagado con un manto de regio color: Suciedades en tu rostro con
vileza. Púrpura tu cuerpo envuelve y cubre Jesús reza. Nunca ha dejado de
rezar. Pero desde la noche anterior lo hace con intensidad.
Mira en aquellas almas
muy en el fondo todavía un poco de luz, aún no están condenadas, vale la pena
sufrir, ninguna palabra ahora los puede sacar de su estado de fascinación ante
la embriaguez del despotismo. Callar y sufrir, interceder por ellos. Inmensa la
burla, mayor tu mansedumbre.
Es fácil señalar la
falta de respeto y consideración que se aprecia en la escena ante el sufrimiento
redentor de nuestro Dios. ¿No es acaso una burla cuando no me alejo del pecado
con seriedad, cuando no pongo “tierra” entre la tentación y yo? Esas heridas en
tu divina cabeza ¿no son por ventura esos pensamientos no santos? Pensamiento
no santo es naturalmente aquel que es pecado: se puede pecar con el
pensamiento.
Pero también ofende a mi
Señor el pensamiento ocioso, el pensamiento que duda de su amor y se dirige a
buscar la felicidad y el recreo en banalidades, cuando no sé integrar mi entera
existencia en un acto de alabanza a mi más grande Bienhechor. No te ofenda más
con mi mente y actitudes.
¿Cómo puedo alejarme del
pecado? Porque sé que cuento con la ayuda de tu gracia que sin ella nada, ni la
existencia. ¿Qué puedo hacer yo, además de poner buenas disposiciones? Actos
buenos. Con ellos conseguiré hábitos, virtudes que me aseguren junto con tu
gracia el estar lejos del pecado y más aún de la actitud superficial de pensar
que “no pasa nada” si peco.
Y así, estaré lejos del
pecado, aunque siempre atento porque sigo siendo de barro (cfr. 2 Co 4, 7).
Lejos del pecado —al menos en la intención— seré realmente libre para mostrarte
mi amor. Sólo es libre quien ama, porque sé que realmente ese es el sentido de
mi vida, he sido creado para amar, y de cada ser humano esperas amor. Antes
bien yo te agrade y te deslumbre. Siempre con amor y con virtudes.
Con permiso del autor: Juan Pablo Lira
Fuente: 20 palabras para meditar los misterios del Rosario
