He casado a
algunos corredores y bautizado a sus hijos
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| Salvador, a la derecha, junto a Fernando Escartín, exciclista y director técnico de La Vuelta |
Entre los más de
170 ciclistas y las decenas de técnicos, mecánicos, fisioterapeutas o
periodistas que acompañan a La
Vuelta a España que se está celebrando en estos momentos aparece
también la presencia de Salvador
García San Emeterio, más conocido en el pelotón como ‘Páter’.
Este sacerdote cántabro de 66 años lleva ya tres
décadas acompañando y ofreciendo asistencia religiosa a los integrantes de la
que es una de las tres grandes vueltas del ciclismo mundial. En todos estos años ha sido
testigo de conversiones, y también ha tenido la posibilidad de casar a
bastantes ciclistas e incluso bautizar a sus hijos.
En una entrevista que recupera Iglesia
en Aragón, publicación de las diócesis aragonesas, este
sacerdote explica cuál es su labor en la Vuelta a España, así como algunas de
las anécdotas que ha vivido en estos años:
- Un maestro que deja todo y se
hace cura. ¿Le suena de algo?
- (Risas) Siempre he estado en grupos cercanos a la
Iglesia, sobre todo, en Acción Católica. Desde adolescente, me planteé las
grandes preguntas de la vida y, poco a poco, fui descubriendo mi vocación. Soy
de Santander, donde estudié Magisterio, aunque luego continué mi formación en
la Universidad de Deusto y quedé unido a Bilbao. La docencia me apasiona y he tenido la oportunidad de ejercerla
como sacerdote: ese pedagogo que acompaña a cada persona para que vaya
encontrando el sentido de su propia existencia.
- ¿Por qué el ciclismo?
- Desde pequeño,
porque de chico todos hemos tenido una bicicleta. Pero cuando me ordenaron
sacerdote en 1984, con 32 años, me destinaron a Ermua y Mallabia. Allí conocí a los miembros
del equipo ciclista Orbea, donde corrían Perico Delgado y Pedro Ruíz
Cabestany, o Marino Lejarreta, ya en Caja Rural. Yo vivía al lado de ellos y
nos hicimos amigos.
- ¿Qué le atrae de este deporte?
- Es una fuente
de saber y de conocimiento. El andar en bicicleta tiene una virtualidad que
sirve luego para la vida diaria y para la tarea pastoral. El sufrimiento, el
sentido agonístico, ese ser capaz de descubrir que puedes subir un puerto
detrás de otro, lo que te propongas. Así, al abordar las dificultades de la vida, tienes una capacidad de
superación que te permite enfrentarte a los problemas con serenidad, esperanza
y sacrificio. Es una escuela que forja una voluntad de hierro.
- ¿Cómo ejerce su ministerio en
este mundillo?
- En el mundo del ciclismo hay gente creyente y muy
creyente, pero la dinámica de las carreras es difícil, entre desayunos,
masajes, salidas… Como nos costaba encontrar iglesias que se adaptaran a
nuestros horarios, empezamos a celebrar misa el domingo en una carpa junto a la
zona de salida. Hoy seguimos
celebrando el Día del Señor en un salón del hotel de turno, con cariño, fe y
fidelidad.
-¿No extraña la presencia de un
sacerdote?
- Al final, ha resultado simpático, porque la gente
ve en el cura una persona normal. De ahí me digan con cariño el “páter” y cosas
así. Entre tanta broma, he tenido conversaciones muy serias, he escuchado relatos de vida
y he acompañado a la carrera en momentos difíciles, como son las caídas o
una muerte inesperada.
- Acumula cientos de días en
carrera. ¿Ha llegado a aburrirse?
Qué va (risas). Durante todo este tiempo, no solo
he celebrado misas. También he ayudado a montar estands y he sido chófer de
médicos, jueces… ¿Tú sabes lo que dan cinco horas de carrera en un mismo coche?
Esto ha hecho que se hayan forjado lazos de amistad con muchas personas. Las conversaciones surgen
espontáneamente, sin forzar, a veces hablando de cosas intrascendentes. De
esta manera tan sencilla, he
acabado casando a algunos corredores y bautizando a sus hijos.
-¿Qué legado le gustaría dejar?
Me gustaría que se viera que es posible vivir la fe
con normalidad, desde lo cotidiano. Los cristianos no somos bichos raros. Cualquier momento es una oportunidad
para la fe y para abrirnos radicalmente a los que están junto a nosotros,
con la misión de poner ternura, cariño y esperanza allá donde estemos.
-También en la enfermedad…
Hace seis años, me detectaron un cáncer de
páncreas, sin expectativas. Ahora estoy bien y disfruto de la vida como un
milagro. Haber experimentado la debilidad, porque somos caducos, te hace mirar
el mundo con otros ojos. Se aprecia mucho todo, quieres más a las personas y
descubres que no merece la pena discutir por tanta ñoñería e idiotez como
discutimos los seres humanos. Desde
la sencillez, se puede vivir la vida con toda intensidad.
- ¿Cómo influye en ello la fe?
Él es el Dios que nos salva, la luz que nos ilumina, la mano que nos
sostiene y el pecho que nos cobija. Desde ahí somos capaces de esperar, en ocasiones
contra toda esperanza, pero aceptando la fe desde la libertad. Cada uno tenemos
que descubrir el camino que nos abre a la trascendencia, para abrirnos a los
demás y agradecer a ese Padre que nos regala todo lo que somos y tenemos.
Fuente:
ReL
