El
Santo Padre envió al presidente Daniel Ortega un mensaje con ocasión de la
Fiesta Patria que se celebrará el 15 de septiembre próximo
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En
su misiva, transmitida a través del Nuncio Apostólico, el Papa hace llegar a los
hijos e hijas de ese amado país un cordial saludo, "asegurándoles mi
oración para que Jesucristo, Príncipe de la paz, se lee en el mensaje, les
conceda los dones de una fraterna reconciliación y una pacífica y solidaria
convivencia”.
Las
palabras del papa resuenan, y hacen eco a lo que ha declarado la Conferencia
Episcopal a través de su presidente, el arzobispo de Managua, Cardenal Leopoldo
Brenes, quien constantemente ha pedido respeto de los derechos humanos, respeto
de la libertad de expresión, “las ofensas y las confrontaciones no dan nada a
Nicaragua, crean sólo enemistad, tristeza y división”.
La Iglesia invita al
respeto
El
fin de semana, en marchas en apoyo a Ortega, algunos manifestantes entraron con
violencia y a la fuerza dentro de la parroquia de Nuestra Señora de la Merced,
en Granada, mientras se oficiaba la misa. Un grupo de turbas afines al
gobierno, entraron gritando e insultando, y fueron detenidos por los mismos
fieles que les gritaban que respetaran la Casa de Dios. La Diócesis de Granada
en un comunicado rechaza y condena este acto como una falta de respeto a
"nuestras parroquias y piden sus oraciones para que cesen estos
actos".
Y
siempre el domingo, el sacerdote Edwin Román de la iglesia San Miguel de
Masaya, denunció que fue agredido verbal y físicamente por el sub director de
la Policía Nacional, Ramón Avellán, quien junto a otros policías y
simpatizantes sandinistas se plantaron frente a la iglesia con un alto parlante
al momento de una misa. Al salir y pedirles que bajaran el volumen de los
altoparlantes porque interrumpían el servicio religioso, como respuesta obtuvo
ofensas y maltratos físicos.
El
purpurado ha pedido que se realicen las marchas, pero en forma positiva y
pacífica. El domingo en conferencia de prensa pidió una vez más que se vaya
construyendo una cultura de paz y no una cultura de violencia. La Iglesia ante
las ofensas, ora, ora por quien los calumnian y difaman. Y tiene una
tranquilidad de corazón. Por último, el purpurado invitó a la población,
todos los nicaragüenses, hombres y mujeres de buena voluntad que “no dejemos
que el demonio siembre odio en nuestro corazón, si no dispongámonos a recibir
el Espíritu Santo que da siempre frutos de amor.”
Patricia
Ynestroza-Ciudad del Vaticano
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