23 Domingo Tiempo Ordinario (Ciclo B)
Buenos días, sed bienvenidos a la celebración del Día del Señor.
El descanso veraniego ha concluido, al menos para la mayoría de los que
asistimos hoy a Misa en nuestra Parroquia. Atrás quedan las actividades extraordinarias
y poco a poco nos vamos incorporando a la vida cotidiana.
La celebración dominical contituye la trama y el sustento de nuestra
vida cristiana. Nunca valoraremos suficientemente el valor que tiene la Eucaristía
en nuestro vivir diario.
Dispongámonos a celebrar con gozo y con fe la Cena del Señor.
Todos los domingos se nos proclama la Sagrada Escritura, todos los
domingos escuchamos la Palabra de Dios. Y, sin embaro, nos cuesta asimilarla.
Parece como si tuviéramos los oídos sordos.
Necesitamos la gracia de la fe. Ella es la única capaz de abrir nuestra
comprensión a la Palabra y hacer que la acojamos con el corazón y podamos ponerla
por obra.
El Señor viene en nuestro auxilio y Él nos dice: “Abreté”. Escuchemos con
atención las lecturas que hoy se nos van a proclamar.
ORACIÓN DE LOS FIELES
A cada petición
respondemos: ¡Haz que escuchemos tu
Palabra, Señor!
- Por la Iglesia,
enviada a evangelizar a todos los pueblos, para que, confiada en el poder de la
Palabra, la anuncie con fe y libertad. OREMOS.
- Por nuestros gobernantes, para que en el curso político que ahora se
inicia se empeñen en resolver los problemas sociales y políticos que acosan a
nuestro país. OREMOS.
- Por los
trabajadores y sus familias, por los que están sin trabajo, por los que viven
su actividad laboral en condiciones injustas, para que la legislación de
nuestro país los proteja. OREMOS.
- Por los niños,
adolescentes y jóvenes que siguen los procesos de iniciación cristiana, por los
adultos que se inician en la fe, para que la gracia divina les haga receptores
de la Palabra de Dios. OREMOS.
-
Por todos nosotros, para que en el nuevo curso que iniciamos creemos las
disposiciones necesarias para escuchar el Evangelio y dar testimonio de él. OREMOS.
ORACIÓN FINAL
Gracias, Padre de bondad,
porque, al crearnos a los hombres,
nos hiciste capaces de escuchar tu Palabra.
Tú,desde la creación del mundo,
nos comunicas incansablemente tu amor
y nos revelas el camino hacia Ti.
Gracias, Padre de misericordia,
porque para vencer nuestra indiferencia,
en la plenitud de los tiempos, enviaste a tu
Hijo
para que se hiciera carne en el seno de
María.
Él, Palabra eterna, se comunica en palabras
humanas.
Él, tu enviado, rompe nuestra sordera
y nos capacita para dar respuesta
a tu divina comunicación.
Santa Trinidad, Un solo Dios,
te pedimos que la gracia de tu Espíritu
nos disponga para recibir a Jesús;
que Él abra nuestros oídos para escuchar su
Palabra
y suelte la traba de nuestra lengua
para proclamar tu infinita misericordia
entre los que nos has enviado.
Amén.
