Desgastado, no roto
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Llevaba
un tiempo notando que perdía las cosas que me metía en el bolsillo. Justo hace
un momento, al meter la mano y rebuscar, he encontrado un agujero grande. Lo
peor de todo es que, al tocarlo, me he dado cuenta de que no es roto, es
desgastado.
¡Qué
realidad tan distinta! Cuando algo está roto puedes volver a reconstruirlo,
cosiéndolo, pegándolo... pero cuando está desgastado es imposible: ya no hay
vuelta atrás.
Y
le preguntaba al Señor: “Y tú, Jesús, ¿te desgastas o te rompes conmigo?”
Viéndole
actuar una y otra vez en mi vida, soy consciente de que lo que hace es
desgastarse: pasa una y otra vez diciéndome las cosas, mostrándome su amor, su
paciencia, su consuelo, sin cansarse, una y otra vez... Así, poco a poco, se va
desgastando, se va entregando sin cesar, sin arrepentirse, sin vuelta atrás...
hasta que entra en mí la certeza de que Él existe y vive conmigo, que muere y
resucita en todo para que yo no tenga que morir y pueda tener vida.
Así
actúa conmigo, y también contigo hace lo mismo: está a tu lado sentado,
hablándote, mostrándote lo mucho que te ama, regalándote su paz, su
Misericordia, su abrazo. Quiere que Le abras la puerta de tu corazón solo un
poco para que experimentes que Él está vivo, que esto no es un cuento ni un
tranquilizador de conciencias, que Cristo es una persona que te ama y quiere
que seas feliz.
¿Y
entre nosotros? ¿Nos rompemos o nos desgastamos? ¿Amamos con medida, con
cuidado, con la posibilidad de echarnos atrás en cualquier momento... o amamos
hasta la locura? La convivencia es de las cosas más difíciles, y ahora en
vacaciones aún más, ya que tenemos que pasar muchas horas juntos. Solo el amor
es el que hace posible que la Paz sea la que guíe el día.
Hoy
el reto del amor es lavar los platos de la comida y guardarlos en su sitio,
dejar recogida la cocina como si nada hubiera pasado. En ello descubrirás cómo
la entrega por amor produce amor, y el desgastarte por Amor te dará una alegría
y paz profunda en tu corazón.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
