Quítate los calcetines
Hola,
buenos días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estábamos
en el locutorio con una visita. De repente empecé a sentir dolor en el dedo
“gordo” del pie. Era un dolor punzante que, en lugar de disminuir, iba cada vez
a más. Y claro, en esas circunstancias, cualquiera se quitaba el zapato para
ver qué pasaba.
Cuando
salimos, pude descalzarme y vi que tenía... ¡el dedo rojo! Como si estuviese
gritando: “¡Me ahogo!”. Y es que se me había hecho un agujero en el calcetín
que estrangulaba al pobre dedo. Solo tuve tiempo para liberarlo corriendo y
mover el agujero del calcetín hacia un lugar del pie donde no pudiese tomar
como prisionero a ningún dedo.
Muchas
veces vivimos nuestra fe como ese calcetín con un agujero que a penas nos deja
respirar. Tienes que ser bueno, tienes que hacer, tienes que ir... y sientes el
dolor punzante de que apenas puede circular la sangre. Te propones una cosa,
otra, y el agujero aprieta un poco más, sobre todo al ver que no llegas a las
metas que te propones, al ver que de tu corazón no sale aquello que quieres que
salga.
Cristo
no ahoga, Cristo no aprieta; Él quiere que seas feliz, ¡que puedas correr
descalzo! Somos nosotros los que nos ponemos los calcetines pensando que está
en nuestra mano ser más buenos o mejores. Descalzo, con juanetes, ¡como sean
tus pies!, así te quiere Cristo. No tengas miedo a acercarte descalzo a Él y
dejarte abrazar, a recibir todo Su Amor sin que tengas que demostrar nada.
Hoy
el reto del Amor es que “te quites los calcetines”. Relájate, descansa en Él y
experimenta Su Amor dejándote querer por los demás. ¿Parece fácil? Prueba,
camina descalzo y déjate cuidar y ayudar sin defensas, sin sentirte en la
obligación de dar algo a cambio.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
