La lenta impresora
Hola,
buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Estaba
trabajando en la cerámica, diseñando un oficio, y necesité hacer unas copias
para después pasarlo a las baldosas. Fui deprisa a la impresora que está en
comunidad. Aunque es una CANON, tiene sus años y va un poco lenta…
Me
dispuse a hacer mi trabajo pero, al dar las órdenes, la pobre impresora no me
obedeció y, además, se paró con el papel medio impreso.
Al
principio me contrarió, pero en seguida me di cuenta de que mi prisa no iba
acorde con el aparato, y así se me bloqueó todo...
Luego,
en reposo, en la oración, comprendí que esto me había sucedido porque no me
amoldé a su ritmo y a su capacidad: “Es un poco antigua…”
Y
Jesús me trajo a la memoria otra anécdota que me enseñó mucho para mi vida
interior:
Dios
me ha dado una buena vista y la capacidad de copiar con ella y con mis manos.
Cogí una baldosa que había pintado una hermana y me pareció horrorosa, y le
dije: “¿No ves que no se parece a la muestra?, tiene cara de ‘lechuguina’…” Y,
mirándome a los ojos, con gran pobreza, me dijo: “Es que no veo mejor, se me
juntan las líneas y no sé hacerlo, no puedo…” En este momento, sentí un gran
dolor en el corazón por haberle exigido lo que no podía dar, porque Dios no se
lo había concedido…
Jesús,
cuando subió al cielo, después de resucitar, dio dones a los hombres. Pero lo
hizo muy bien al repartir sus talentos: a uno, le dio agudeza visual; a otro,
un oído finísimo que percibe todos los sonidos, agudos y graves, con gran
precisión; a otro, destreza en toda clase de trabajos manuales, etc, etc…
No
todos tenemos los mismos dones, y las capacidades están muy bien repartidas
para que nadie nos gloriemos ante el Señor: “Yo lo tengo todo, lo sé todo o lo
puedo todo”.
Este
darse cuenta nos hace humildes y sencillos al pedir al hermano lo que yo no
puedo. A Jesús le gusta esto: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón y encontraréis vuestro descanso…” ¡Obrando así, de verdad descansamos
en la humildad de Jesús!
Hoy
el reto del amor es que respetemos el ritmo de los otros y amemos sus dones,
porque también son míos. Juntos nos complementamos en una acción de gracias a
Dios, porque es tan generoso con nosotros.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
