Hacemos bien en llamarles
héroes
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CCO |
Como
su padre antes que él, mi hijo mayor entró en el seminario… y como yo, no lo
terminó. Espero que mis otros hijos también le den una oportunidad al seminario
y rezo porque alguno sí sienta la vocación al sacerdocio.
Aquí
les explico las razones por las que creo que deberían querer recibir esa
vocación.
Sé sacerdote porque el
mundo necesita héroes
Me
di cuenta de algo en la inauguración de este curso en la universidad
Benedictine College de Kansas, donde trabajo. El aplauso más sonoro y largo de
la mañana fue para quienes sirven al país en el ejército y quienes entran en la
vida religiosa.
“No
hay amor más grande que dar la vida por los amigos”, dice Jesús. Los soldados
hacen esto al poner sus vidas en riesgo de muerte violenta por nosotros. Los
sacerdotes, religiosos y religiosas lo hacen cuando ofrecen sus vidas al lento
martirio de una vida de servicio.
Hacemos
bien en llamarles héroes.
Sé sacerdote porque, sin
sacerdotes, no tenemos acceso a Cristo
Antes
de ascender al Cielo, Cristo dijo: “Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin
del mundo”. Mantuvo esa promesa de una forma increíble: la Eucaristía. La
hostia de la Eucaristía ya no es pan, es Cristo mismo, verdaderamente presente.
Para
esto tenemos a los sacerdotes, para traernos la Eucaristía, y para prepararnos
para ella en el Bautismo y la Confirmación, llamar a su poder sanador en
nosotros por el sacramento de los enfermos, crear fuertes matrimonios para que
más almas la reciban y ofrecernos la confesión para limpiarnos y poder
recibirla.
Sé sacerdote para perdonar
pecados
Difícilmente
puede exagerarse la importancia de la confesión. Fue el único sacramento que
Jesús instituyó tras la Resurrección, cuando sopló sobre los Apóstoles y les
dijo: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen”.
La
confesión fue tema constante de llamamientos urgentes de san Juan Pablo II, y
el papa Francisco se ha implicado pronto y a menudo en el mismo llamamiento.
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En 2013, dijo: “Me confieso cada dos semanas”.
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En 2014, se confesó a la vista de las cámaras para dar ejemplo: “¡No tengan
miedo a la confesión!”
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En 2018, su iniciativa de 24 horas de confesión se ha convertido en un “éxito
mundial”.
Jesús
dijo: “¿De qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si pierde su alma?”. En la
confesión, un sacerdote te ofrece el mayor de los regalos posibles, más valioso
que todo el mundo: restaura las almas de los penitentes.
Sé sacerdote para ser un
icono viviente de Cristo
La
presencia real de Jesús en la Eucaristía es crucial, pero Jesucristo no vino
solamente como Presencia. Vino como hombre. Así es como funciona la
encarnación.
“La
vida entera de Cristo fue una continua enseñanza: su silencio, sus milagros,
sus gestos, su oración, su amor al hombre, su predilección por los pequeños y
los pobres”, dijo san Juan Pablo II.
Jesucristo
fue un hombre con un rostro. El corazón humano todavía necesita ver a un hombre
comportándose como Cristo para comprender del todo Su mensaje. Necesitamos a
alguien que “actúa in persona Christi” (CIC 1548), es decir, como Cristo
mismo. Necesitamos sacerdotes.
Sé sacerdote porque el
mundo necesita padres
En
su nuevo libro sobre el Padre Nuestro, el papa Francisco habla sobre nuestra
“sociedad sin padres”, diciendo que, “especialmente en la cultura occidental,
la figura del padre estaría simbólicamente ausente, desviada, desvanecida”.
“Se
pasa de un extremo a otro”, continúa el Papa. “El problema de nuestros días no
parece ser ya tanto la presencia entrometida de los padres, sino más bien su
ausencia (…). Los padres están algunas veces tan concentrados en sí mismos y en
su trabajo, y a veces en sus propias realizaciones individuales, que olvidan
incluso a la familia”.
Sin
embargo, sin padres, a los jóvenes “los llenan, en cambio, de ídolos pero les
roban el corazón; les impulsan a soñar con diversiones y placeres, pero no se
les da trabajo; se les ilusiona con el dios dinero, negándoles la verdadera
riqueza”.
Un
sacerdote no puede ocupar el lugar de un padre en el hogar. Pero los sacerdotes
son auténticos padres.
Presiden
los momentos más importantes de nuestras vidas. Son figuras masculinas que nos
sirven de ejemplo. Charlan con nosotros en un aparte, escuchan nuestros
problemas, nos aconsejan y nos absuelven.
Sé sacerdote para expandir
tu familia
Por
último, Jesús da a los apóstoles un motivo extraordinario para dejar a sus
familias y seguirle a Él.
“Les
aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos
o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el
ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos, campos, en medio
de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna”, dice Jesús.
Los
sacerdotes dicen que uno de los aspectos más difíciles de ser cura es
trasladarse de una parroquia a otra. Es como arrancarte de tu familia.
Sin
embargo, los lazos que haces en Cristo duran para siempre.
Tom
Hoopes
Fuente:
Aleteia