Papa Francisco anuncia 14 nuevos cardenales, tres
de ellos mayores de 80 años
Papa Francisco anunció la creación de 14
nuevos cardenales en un consitorio que tendrá lugar el 29 de Junio.
- Louis Rapahel Sako, patriarca de Babilonia de
los Caldeos.
- Luis Ladaria, Prefecto de Doctrina de la Fe.
- Angelo de Donatis, vicario general para la diócesis
de Roma.
- Giovanni Angelo Becciu, sustituto de la
Secretaria de Estado.
- Konrad Krajewski. limosnero pontificio.
- Joseph Edward Kurtz, arzobispo de Louisville.
- Antonio dos Santos Marto, obispo de
Leiria-Fátima
- Pedro Barreto, arzobispo de Huancayo
- Desireé Tsarahazana, arzobispo de Toamasina
- Giussepe Petrochi, Laquila
- Tomas Aquinas Manjo, arzobispo de Osaka.
- Sergio Obeso rivera, arzobispo emérito de
Tsalapa. Mayor de 80 años.
- Toribio Ticona Porco, prelado
emérito. Mayor de 80 años.
- Padre Aquilino Bocos, claretiano. Mayor de 80 años.
El anuncio tuvo lugar tras el Rezo del
Regina Coeli en el que Papa Francisco habló sobre la fiesta de Pentecostés:
“solemnidad que nos recuerda y nos hace revivir el derramamiento del Espíritu
Santo sobre los Apóstoles y otros discípulos”. Con estas palabras, el Papa
Francisco recuerda – delante de los fieles presentes en la Plaza de San Pedro
durante el Regina Coeli – el día que “comenzó la historia de la santidad
cristiana”.
La santidad cristiana
Y comenzó precisamente ese día porque el
Espíritu Santo “es la fuente de la santidad, que no es el privilegio de unos
pocos, sino la vocación de todos”, dijo el Papa. Momento en el que recordó una
de las frases que se leen en su Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate:
“El Espíritu Santo derrama santidad, en todas partes, en el pueblo santo y fiel
de Dios” e hizo referencia a la afirmación del Concilio Vaticano II, cuando
dice: “Dios quería santificar y salvar a los hombres, no individualmente y sin
ninguna conexión entre ellos, sino que quiere convertirlos en un pueblo,
reconociéndolo según la verdad y servirlo en santidad”.
Jesucristo, es el “mediador y
garante de la efusión perenne del Espíritu”, – aseguró el Papa – y para ello
recordó algunas profecías realizadas en Jesucristo. Es el caso de Ezequiel,
cuando dice: “Pondré mi espíritu dentro de ustedes y les haré vivir de acuerdo
con mis leyes y les haré observar y poner en práctica mis normas”. […] Ustedes
serán mi pueblo y yo seré su Dios “(36: 27-28). Y también a través del profeta
Joel, cuando proclama: “Derramaré mi espíritu sobre todos los hombres, y se
convertirán en profetas vuestros hijos e hijas”. […] Incluso sobre los esclavos
y esclavas en aquellos días derramaré mi espíritu. […] Quien invoque el nombre
del Señor será salvo “(3.1-2.5). Cualquiera que invoque el nombre del Señor,
será salvado” (3,1-2.5).
El camino de la santificación
Una santidad – continuó el Papa – que desde
ese día de Pentecostés, y hasta el fin de los tiempos, “es donada a todos
aquellos que se abren a la acción del Espíritu Santo y se esfuerzan en serle
dócil”.
Él nos hace experimentar una
alegría plena – aseveró Francisco – pues el Espíritu Santo, al entrar en
nosotros “vence la sequedad, abre los corazones a la esperanza, estimula y
favorece la maduración interna en la relación con Dios y el prójimo”. En este
contexto – puntualizó el Papa – San Pablo nos dice: “El fruto del Espíritu es
amor, gozo, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre,
dominio propio”.
Un Regina Coeli en el que
Francisco invitó además a pedir a la Virgen María “que obtenga hoy un
Pentecostés renovado para la Iglesia”, “nos dé la alegría de vivir y dar
testimonio del Evangelio” e infunda en nosotros “un intenso deseo de ser santos
para la mayor gloria de Dios”.
